sábado, 29 de abril de 2017

Frases de Milan Kundera que nunca debes olvidar…

Las historias de Kundera han marcado a toda una generación y han moldeado la forma en que ésta percibe el mundo. Desde La broma (1967) hasta La ignorancia (2000), pasando por La insoportable levedad del ser (1984) y La inmortalidad (1988), este checo, crítico del comunismo, ha sido un guía invaluable para nuestro paso por el mundo.
1. “Los amores son como los imperios: cuando desaparece la idea sobre la cual han sido construidos, perecen ellos también.”
2. “Las metáforas son peligrosas. Con las metáforas no se juega. El amor puede nacer de una metáfora.”
3. “El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados, sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo; y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido.”
4. “La juventud es terrible: es un escenario por el cual, calzados con altos coturnos y vistiendo los más diversos disfraces, los niños andan y pronuncian palabras aprendidas, que comprenden sólo a medias, pero a las que se entregan con fanatismo. Y la historia es terrible porque con frecuencia se convierte en un escenario para el jovencito Napoleón, un escenario para masas fantizadas de niños, cuyas pasiones copiadas y cuyos papeles primitivos se convierten de repente en una realidad catastrófica real.” (La broma).
5. “La belleza es más que la justicia, la belleza es más que la verdad, es más real, más indudable y hasta más alcanzable, la belleza está por encima de todo, y en este momento ya está definitivamente perdida para él. Sólo había venido para mostrársele en el último momento, para que no pensase que lo había conocido todo y que había vivido su vida hasta el fondo de todas sus posibilidades…” (La despedida).
6. “El ansia de orden pretende convertir el mundo de los hombres en el reino de lo inorgánico, en el que todo marcha, funciona, sometido a un orden suprapersonal. El ansia de orden es al mismo tiempo ansia de muerte, porque la vida es una permanente alteración del orden.” (La despedida).
7. “Las mujeres no buscan hombres hermosos. Las mujeres buscan hombres que han tenido mujeres hermosas. Por eso, tener una amante fea, es un error fatal.” (El libro de la risa y el olvido).
8. “La verdadera bondad humana, con toda su pureza y libertad, puede ponerse en primer plano sólo cuando su recipiente no tiene poder. El verdadero examen moral de la humanidad, su examen fundamental (que yace enterrado profundamente lejos de la vista) consiste en su actitud ante esos que están a su merced: los animales. Y en este sentido la humanidad ha sufrido una derrota. Una derrota tan fundamental que todas las demás provienen de ahí.” (La insoportable levedad del ser).
9. “La cultura sucumbe bajo el volumen de la producción, la avalancha de letras, la locura de la cantidad. Por ese motivo te digo que un libro prohibido en tu país significa infinitamente más que los millones de palabras que vomitan nuestras universidades”.
10. “Nunca sabremos por qué irritamos a la gente, que es lo que nos hace simpáticos, qué es lo que nos hace ridículos; nuestra propio imagen es nuestro mayor misterio” (La inmortalidad)
11. “Lo que había entre ellos no era amor, era inmortalidad.” (La inmortalidad).
12. “La fuente del miedo está en el porvenir, y el que se libera del porvenir no tiene nada que temer” (La lentitud)
13. “Los recuerdos se van si dejan de evocarse una y otra vez en las conversaciones entre amigos.” (La ignorancia)
14. “Pienso luego existo, lo dijo un intelectual que subestimaba el dolor de muelas.”
Fuente: http://planetadelibrosmexico.com/14-frases-de-milan-kundera-que-nunca-debes-olvidar/

sábado, 15 de abril de 2017

Rubem Fonseca, el escritor al que no quieren los políticos ni los ricos

El escritor brasileño anuncia un nuevo libro a sus casi 92 años. Semblanza de uno de los grandes de la literatura latinoamericana de todos los tiempos.
 
Nadie sabe mucho de él: qué come, cómo vive, a quién quiere. Si acaso se conocen cosas como que fue abogado, que es guionista, que no da entrevistas, que comenzó a escribir a los 38 años, que está próximo a cumplir 92, el 11 de mayo, y que en un mes publica un nuevo libro de cuentos. Fonseca cree genuinamente que un escritor solo debe hablar por medio de su obra.
Y si habla así, sus novelas y sus cuentos testimonian con crudeza, sin concesiones, los contrastes sociales de su país, que bien pueden ser los del resto de América Latina. En sus historias todos tienen lugar: pobres, ricos, prostitutas, drogadictos, gais, políticos, delincuentes, orates, negros, blancos, perdedores, feos (mejor si no tienen dientes) y bonitos. Pocos se escapan. Una de sus fijaciones es la marginalidad conectada con el poder.
Su dureza atrapa y cada vez tiene más lectores, todos incondicionales, como Luis Fernando Afanador, el crítico literario de SEMANA, que supo de Fonseca por una reseña elogiosa que hizo Mario Vargas Llosa, en 1986, de la novela El gran arte. “En la obra del brasileño –dice Afanador– hay implícita una crítica social y por lo tanto los poderosos son duramente fustigados. Se ve cierta simpatía, cierta ternura, hacia los pobres, los jodidos, los desheredados. Pero ellos también son víctimas de su humor negro: no es un escritor panfletario, no está al servicio de nadie”.
Eso queda claro en novelas como El caso Morel (1973), El gran arte (1983), Buffo & Spallanzani (1986) o Agosto (1990), o en sus libros de cuentos como El collar del perro (1965), Feliz Año Nuevo (1975) o El cobrador (1979). El gobierno de turno censuró varios de ellos: Fonseca molesta e incomoda al que sea, pero su blanco es el poder político.
Y en las pocas veces que ha hablado el autor casi siempre recuerda el episodio con un senador, Dinarte Mariz, que dijo en 1977: “Lo que leí me espantó, me puso los pelos de punta; es pornografía del más bajo nivel, no hay página en que no se vean los rincones más oscuros del país… Además de ser censurado, el autor debería ir preso”. Se refería a Feliz Año Nuevo, recogido casi de inmediato de las librerías. Era la época de la dictadura del general Ernesto Geisel. Fonseca demandó al Estado y 12 años después ganó el pleito.
Si en Brasil sus libros circulaban restringidos en los años setenta y ochenta, en otros países solo lo hacían de mano en mano y encontrar cualquier obra suya era lo más parecido a un milagro.
Rodrigo Argüello, escritor y crítico, recuerda que en esos años exploraba todo lo que tenía que ver con el género negro. Y en la época en la que se vendían libros de segunda en la calle 19 de Bogotá, entre la Séptima y la Caracas, consiguió muy baratas las primeras obras de Rubem Fonseca, El cobrador, publicado por Bruguera, y Feliz Año Nuevo, de Alfaguara. Desde entonces, fue propagando la lectura del brasileño entre sus estudiantes de la Universidad Central y la Javeriana.
El novelista y columnista Esteban Carlos Mejía supo del autor en una librería de viejo cuando llegó a sus manos Agosto, la novela policiaca sobre el suicidio del presidente Getúlio Vargas, y desde entonces cayó bajo su influjo. “Asusta o intimida su estilo directo, categórico, sin rodeos –dice Mejía–. Rubem llama al pan, pan, y al vino, vino. Al sexo, sexo cochino. Al crimen, oscuridad y penuria”.
Porque en el mundo marginal de Fonseca hay dos temas en los que no busca aprobación, sexo y violencia, con los que puede abochornar o agredir. Como muralla aparecen argumentos que exponen que “es violento porque la realidad es violenta” o “demuestra de una manera contundente que existe la violencia”.
Afanador no cree que sus descripciones sexuales sean explícitas y mucho menos pornográficas. “La inminencia del sexo es más erótica que el sexo mismo”, explica. Y evoca a un personaje de Fonseca que dice: “Me gustan tanto las mujeres, que a veces siento deseos de gritar”. El escritor Miguel Mendoza, un autor colombiano, hizo una tesis sobre Fonseca, y sostiene que “como nadie, reconcilia el sexo y la muerte. Es el escritor de los lugares oscuros de la condición humana”.
Pero nada sería de estos temas, de esa visión casi salvaje, si no fuera por un estilo agobiante, frenético, sintético, fluido y de grandes diálogos. Afanador lo describe: “Permanentemente tenemos la ilusión de estar avanzando, de ir a un lugar determinado, concreto. Fonseca hace ver lento el cine de acción”.
La trascendencia de este escritor es universal, de los mejores de América Latina y, sujeto a debate, el gran representante de la literatura brasileña contemporánea. Su obra le ha dado oxígeno a la novela negra y para ello creó a Mandrake, su gran personaje, un abogado investigador (no un detective privado) fiel hasta el final con sus clientes.
Como comenta Miguel Mendoza en la novela negra estadounidense o europea, generalmente el detective le gana al malo, pero con Fonseca no: el villano tiene mil cabezas (manejado desde los hilos del poder) y el asesino es apenas la punta del iceberg. Así ocurre en El gran arte, donde Mandrake figura como nunca.
Esteban Carlos Mejía tiene también su forma de ver el aporte del escritor nonagenario a la novela negra, pues, según él, son la invención y la sublimación de la justicia. Sus historias son tan verosímiles que el lector termina por olvidar que son solo ficción. ¿Y la justicia? “Las novelas –dice Mejía– no se limitan a develar los crímenes, castigar a los criminales y restituir el orden quebrantado, sino que inspiran a anhelar otra justicia menos podrida, una justicia más justiciera”.
No solo sus cada vez más numerosos lectores siguen el rastro de Fonseca. En su país, su influencia en los escritores contemporáneos es evidente y ni hablar de los de la nueva generación como Luiz Ruffato y Patricia Melo.
Su influencia trasciende su nación. El escritor mexicano Antonio Ortuño, autor de La fila india y El buscador de cabezas, entre otros, le confesó a SEMANA que su lectura ha sido fundamental: “Soy un loco obsesivo y tengo todos sus libros: debo haberlos leído entre tres y cinco veces (o más) cada uno. Leerlo fue una de las claves formativas de mi propia estética y mi propia identidad como narrador”.
Y Colombia no es la excepción. El primer libro de Fonseca que circuló en el país fue El gran arte, editado por Oveja Negra, a comienzos de los años noventa. El brasileño ejerce una fuerte influencia por esta novela y por su adaptación cinematográfica –dirigida por Walter Salles, en 1991, y protagonizada por Peter Coyote–. El escritor Antonio García Ángel, que conoció así a Fonseca, lo explica: “Él, como (Raymond) Chandler en su momento, demostró que no hay temas ni géneros menores, y que el gran arte depende del pulso narrativo del escritor más que de los asuntos sobre los que trata su literatura”.
Aun así, sobre Fonseca no solo descienden elogios. Una obra como la suya no genera consenso y se ha ganado calificativos como misógino, enfermo, inconsistente, monotemático y, como a algunos jugadores de fútbol, sobrevalorado. A sus seguidores esto no les importa mucho. Por ahora, esperan ansiosos su próximo libro, el que ojalá no sea el último. Fonseca, a sus casi 92 años, avisa que es incombustible.
Fuente: http://www.semana.com/cultura/articulo/rubem-fonseca-saca-nuevo-libro/519648

domingo, 2 de abril de 2017

“Nos falta una buena dosis de modernidad”: María Teresa Uribe

 No se ha aferrado a un solo método o a una sola teoría, eso le ha permitido realizar un trabajo siempre libre, muy profundo, que hace énfasis en la búsqueda de la verdad. FOTO: PABLO ANDRÉS MONSALVE MESA.

Interpretar la realidad desde múltiples perspectivas. Observar, escuchar, investigar. Recorrer los caminos de otros y los propios. Detenerse, devolverse, avanzar. Desde los años sesenta, cuando María Teresa Uribe de Hincapié decidió sumergirse en el mundo de las humanidades con sus estudios en Sociología, abrió una puerta que la condujo por los más complejos senderos. Las viejas y las nuevas guerras, las formas de la injusticia, las razones del desplazamiento y de las masacres; la violencia y el orden, el ser que nos hace actuar de una forma específica, las rupturas, las acciones contra los Derechos Humanos, han sido temas que ha tratado desde un pensamiento donde sensibilidad e intelecto son inseparables para alcanzar el conocimiento. Colombia ha sido su territorio y, específicamente, Antioquia. En sus libros, documentos, publicaciones en revistas, conferencias, conversaciones informales ha trazado una cartografía de la violencia. Sus arriesgadas y valientes hipótesis han alertado, han puesto a mirar desde otros ángulos.

Humanista, con mayúscula, esa es la mejor palabra para definirla. Una lectora incansable que tuvo la suerte de tener unos padres liberales que estimularon en ella el ansia de conocimiento. Tenía una biblioteca inmensa que su padre, el médico y también humanista, Eduardo Uribe Ruiz, le entregó sin egoísmo ni censuras. Ella aprovechó. Comenzó así su primera formación, luego entró a estudiar en la Universidad Pontificia Bolivariana, cuando ya estaba casada y tenía tres hijos, y luego de trasladarse a Medellín, dejando su tierra natal, Pereira. “Esa fue mi primera conexión con las ciencias sociales, con la literatura empezó mi afán por conocer, por interpretar el mundo, por entender la condición humana, por explorar los conflictos, las guerras, la violencia, creo que mi padre y el contacto con la literatura influyeron en la elección”.

Generación habló con ella. Estaba en la habitación de su casa, un lugar espacioso con terraza que mira a un jardín con árboles y flores. Biblioteca, mapamundi en una columna, portarretratos, mesa de trabajo, algunos objetos. Una habitación inspiradora. La conversación fluye con esta mujer a quien, estando muy pequeña, le tocó vivir los hechos del 9 de abril de 1948 y, desde entonces, una violencia sin punto final. Por eso sueña con que las conversaciones de paz que el gobierno de Juan Manuel Santos realiza con la guerrilla de las Farc den resultados positivos.

Si mira hacia atrás, ¿cómo ha visto los cambios sociales que hemos tenido?
“Cuando llegué a la universidad, era una época de cambio: en el 68 había una revolución social y sexual, el Mayo Francés, la lucha en Estados Unidos por los derechos civiles, el feminismo, las mujeres luchaban por sus derechos y por su independencia. Los momentos de cambio, con sus traumatismos, son muy ricos para la investigación social, y esto fue bastante importante en mi vida. Fue un tiempo que nos influyó poderosamente. Eso en lo local significó un cambio muy drástico, porque la sociedad antioqueña era una de las más tradicionales de Colombia. Era una sociedad muy cerrada, tradicional, conservadora, y ese cambio fue muy traumático. Importante, pero traumático para muchas personas y familias que no entendían que el tiempo era otro, que el mundo estaba evolucionando. A mí me tocó ese momento, un mundo que se derrumba y un mundo que nace. Y eso tiene sus implicaciones. Para un estudioso de las ciencias sociales es un laboratorio ideal”.

Sigue siendo muy conservadora esta sociedad.
“Me da la impresión de que ha cambiado mucho esta sociedad paisa, aunque sigue siendo el centro de la tradición colombiana, pues quedan algunos sectores todavía muy retardatarios que quieren seguir haciéndonos vivir en el pasado. Es una sociedad a la que todavía le falta abrir puertas y ventanas, ser más proclive a los aires que vienen de afuera”.
Usted hablaba de modernidad y modernización.

“Creo que eso se ha venido rompiendo en lo que tiene que ver con la tecnología, con los emprendimientos, es decir, con la modernización, pero nos hace mucha falta la modernidad. En la modernización económica y tecnológica, Antioquia va un paso adelante de muchas regiones colombianas y creo que de Latinoamérica, sin embargo, en las ideas, las costumbres, las tradiciones, las mentalidades, creo que todavía nos hace mucha falta una buena dosis de modernidad”.

¿Por qué no se ha dado? ¿Qué ha hecho que le dé miedo expandirse?
“Hay una cosa que me preocupa y es que creemos que todo lo hacemos muy bien, seguramente hacemos muchas cosas muy bien, pero hay mucho qué aprender de afuera (...). Hemos sido un poco resistentes y un poco soberbios, porque nos creemos lo máximo. Somos muy importantes y tenemos una historia muy linda, pero, ojo, hay que reflexionar sobre lo que somos y lo que hemos sido y cambiar cosas que definitivamente son más un lastre que una posibilidad de desarrollo”.

¿Hubiéramos avanzado más si hubiéramos soltado ese lastre?
“Hemos avanzado, creo que hemos soltado mucho lastre, eso no quiere decir que no nos quede mucho por soltar. Si uno compara lo que era Medellín en los años sesenta, cuando yo vine a vivir aquí, y lo que es hoy, hay un abismo muy grande, pero eso no quiere decir que las tengamos todas con nosotros. Tenemos muchas cosas por mejorar, sobre todo en lo que tiene que ver con la inclusión social, con el reconocimiento a la diferencia, con el respeto a los Derechos Humanos, con la tolerancia social, que son los elementos constitutivos de la modernidad y que creo que están todavía en buena parte por transformarse”.

Tenemos unas perspectivas limitadas: somos tacita de plata, eterna primavera, los mejores...
“Eso hay que mirarlo con un doble filo porque eso ha producido también efectos positivos que no podemos desconocer: ha generado una fuerte identidad regional, y la identidad es una condición del ser humano fundamental, uno se tiene que saber de alguna parte, saber de dónde viene (...). La identidad es muy importante en los procesos sociales y políticos, lo grave de la identidad es cuando tú la pones encima de otras identidades, cuando te crees superior, cuando se utiliza para despreciar otras identidades y no se entiende que en el contexto social la igualdad es una condición fundamental, independiente de las diferencias que tengamos de raza, de sexo, de condición social (...). De todas maneras, este pueblo tiene cosas muy valiosas y me parece importante rescatarlas y ponerlas presentes”.

Esos elementos que hoy nos definen hacen parte de un asunto fundacional, un propósito.
“Muchos de los mitos que acompañan la construcción de la identidad paisa fueron cultivados, difundidos en el siglo XIX y quizá en el siglo XVIII, cuando Antioquia era una región aislada, pobre, encerrada en las montañas, desarticulada del contexto nacional (...). Había enfrentamientos entre los pensadores antioqueños y los de la capital, en los periódicos bogotanos hablaban de la Paraguay colombiana, que estaba completamente aislada (...). Ellos se defendían de ese discurso discriminatorio y desde ahí se empiezan a forjar ciertos parámetros del trabajo como condición fundamental de la vida, la religiosidad que fue muy importante, la familia como primer baluarte de la sociedad, elementos que van construyendo una idea de lo que somos”.

Fue un proyecto de ciudad y del departamento: trabajo, religión, familia.
“En el libro Raíces del poder regional trato de plantear eso: digo que es el proyecto político de los intelectuales orgánicos de Antioquia que construyeron un espacio relativamente unificado, al tiempo que se defendían de las críticas externas. Tenían un proyecto social, económico, político, cultural...”.

Pasando a otro tema, ¿cómo analiza esta sociedad colombiana, sus guerras, su incapacidad para tomar decisiones frente a la paz?
“La guerra prolongada va generando cosas muy complicadas. Es distinta la guerra cuando se declara, se desarrolla y se acaba, bien por armisticio, rendición o por lo que sea, que es limitada en el tiempo, pero estas guerras nuestras parecen no tener límite en el tiempo y el estar en armas, para los que están y para el gobierno que trata de mantener el orden, es muy difícil. El uso prolongado de las armas descompone la sociedad, y esa descomposición genera otras manifestaciones violentas en la sociedad, así no estén ligadas al conflicto armado. Empieza a generar procesos de violencia, a mostrar que las armas son alternativa para la solución de problemas, entonces, los problemas normales de la sociedad, al no tener un cauce para resolverse, se resuelven por la vía de la violencia. Por eso digo, hay que luchar por este proceso de paz...”.

Es una sociedad muy fuerte que ha sobrevivido a una guerra tan desgastante.
“Es bien revelador la capacidad que tiene esta sociedad para sobrevivir. Yo traté de estudiar esos procesos de resistencia social, no solo desde las élites y desde el Gobierno que parece que la única alternativa que tienen es el uso de las armas, sino de poblaciones que están agobiadas por la lucha armada, que tuvieron la desgracia de estar en el lugar equivocado. Es impresionante esa capacidad de resistencia, de estar buscando alternativas para conjurar las situaciones de crisis y en algunos casos han logrado mantener a raya a los grupos armados. Me han sorprendido las mujeres, su capacidad para defender a sus hijos, a su familia. Sobre todo las mujeres desplazadas: cuando se llega el momento del desplazamiento son ellas las que toman la iniciativa de irse, las que son capaces de llegar a trabajar, a encontrar empleo, vivienda (...). En este país nos hace falta quitarnos el sombrero frente a lo que hacen estas mujeres. Algunas lo perdieron todo, a sus hijos, a sus maridos, y tienen esa capacidad de luchar por tener lo mejor en sus condiciones”.

¿Cree en el proceso de paz?
“Quiero creer, porque lo peor que le podría pasar a este país sería que ese proceso se rompiera. Pienso que todos los procesos de paz tienen grandes dificultades, tienen grandes escollos, se negocia en medio de la guerra, se negocia en medio del conflicto, hay demasiado dolor, demasiado odio, demasiada desconfianza, sin embargo, pienso que este es el proceso de paz que ha logrado más adelantos, con relación a otros procesos anteriores. Son dolorosísimas las cosas que pasan, pero no podemos bajarnos del carro, porque lo que tenemos que buscar es que no vuelvan a morir soldados (...). Pienso que la sociedad civil colombiana, todos nosotros, dentro de nuestros lugares, tenemos que hacerle fuerza a ese proceso para que no se vaya a romper”.

¿Será que hay que confiar...?
“Yo por lo menos lo siento así. Yo nací en la violencia de los años cincuenta, a mí me tocó el 9 de abril, estaba muy pequeña, tenía seis años, lo recuerdo como nada, y ya me voy a morir, yo sí quiero antes de morir decir que vivo en un país en paz”.

Hay cadenas de odio. ¿Cree en el perdón y el olvido?
“Es muy complicado porque el perdón es un acto individual, el Estado da perdones jurídicos, pero el perdón social es un acto individual, es un acto de cada persona. Es muy difícil intervenir, y me parece que éticamente es incorrecto, porque, cómo le digo yo a una mujer que ha perdido a su hijo que perdone, a nombre de qué o porqué. Me parece que lo más importante antes de perdón y olvido, es pensar en verdad y reparación porque nos están llamando al perdón y al olvido sin verdad y sin reparación. Lo primero es la verdad, yo he trabajado con muchas víctimas de la violencia, de los guerrilleros, de los paramilitares, de la violencia estatal, y lo primero que a uno le preguntan esas víctimas es por qué lo mataron. La gente necesita primero que todo la verdad, si a las víctimas les aclaran qué fue lo que pasó, quién dio la orden, por qué se hizo esa acción tan terrible, ese es un primer momento de claridad y en la medida que se entienda puede en un futuro perdonar (...). La gente está ávida de contar su historia, pero no hay quien escuche. Lo primero que tenemos que hacer es conocer la verdad, pero ese es un proceso muy difícil”.

Hay muchos actores.
“Sí, las dictaduras de Chile y Argentina contaron con esa ventaja porque había un solo actor, el Estado. Pero aquí tenemos actores ilegales y actores legales, tenemos gente armada y gente desarmada que se aprovecha de los armados para lograr beneficios personales (...).

Solamente cuando seamos capaces de decirnos la verdad y de mirarnos a los ojos, en ese momento, será posible hablar de perdón. Así tu no seas una víctima directa, todos somos víctimas indirectas, la sociedad necesita saber qué pasó. Ese es un proceso muy doloroso, y yo francamente no veo que se hayan hecho muchas cosas, porque si nos destapamos a decir la verdad, muchas cumbres morales van a quedar prendidas en el camino”.

Ese proceso de encontrar la verdad, en el posconflicto, será muy difícil.
“Es más difícil el posconflicto. Necesita tiempo y mucha pedagogía y trabajo colectivo. Es más fácil firmar un papel que enfrentar las verdades, porque las verdades son muy dolorosas y no es fácil que se acepten y se digan, pero es fundamental que podamos tener una historia nacional de verdad, la historia que cuentan las víctimas, y también los victimarios, a mí me gustaría saber por qué lo hicieron, por qué llegaron a eso”.

En sus investigaciones alcanzó a descubrir muchas verdades, ¿cómo siente ahora ese paso por la investigación y lo que usted logró descubrir en sus trabajos?
“Muchas verdades, pero son verdades que le cuentan a uno y uno no tiene manera de saber si eso es verdad o no. Algunas quedan escritas, sin embargo, es la sociedad la que tiene que dar su última palabra, no un investigador. Uno a veces se siente abrumado, yo, por lo menos, me sentía a veces desbordada. Pensaba, no puedo tener eso conmigo porque yo a quién se lo cuento, no lo puedo publicar porque no tengo cómo comprobarlo. Son verdades que me quemaban. Sabes que no es nada fácil la investigación de la violencia, es muy dolorosa, muy angustiosa, sobre todo cuanto tú te pones en relación con las víctimas, uno tiene que ser muy cuidadoso, y siendo cuidadoso y todo, a mí me costó el exilio, en España, en Barcelona, un tiempo corto, como seis meses. Luego dije, vuelvo a Colombia, ese es mi país, voy a seguir haciendo lo que estoy haciendo, pienso que lo que estoy haciendo está bien... Fue en el 98 - 99”.

¿Hemos avanzado en la investigación en Colombia con respecto al momento en que usted comenzó a hacer su trabajo?
“Se ha avanzado una barbaridad, pero falta apoyo. Las universidades, por lo menos lo que conozco de la Universidad de Antioquia, han hecho grandes esfuerzos por financiar investigación, por colaborarle a los investigadores, sin embargo, usted sabe que la financiación de las universidades es muy precaria y lo que se hace a veces es con las uñas. Colciencias, que ha sido el ente financiador de la investigación, no ha tenido presupuesto tampoco, entonces, el mayor esfuerzo le toca a las universidades. Si bien se ha adelantado mucho, quisiera ver un mayor apoyo institucional del Gobierno... Yo le agradezco a la Universidad de Antioquia, porque siempre me apoyó en mi trabajo”.

¿La investigación se queda en los libros? ¿Cómo hacer para que se conozca?
“Hay un cuello de botella que es la divulgación, las universidades, que han hecho un gran esfuerzo para tener editoriales, tienen difícil la distribución. Además, el promedio de lectura de este país es muy bajo y más con libros de no ficción, que son densos. Sin embargo, se han logrado algunas cosas. Ya las investigaciones tienen una cierta capacidad divulgativa a través no solamente de los libros, sino de conferencias, de simposios. Pienso que nos falta a los investigadores una actitud más agresiva hacia los medios de comunicación de masas y, también, de los medios de comunicación hacia la divulgación de trabajos de investigación... Pero ese problema no es únicamente nuestro, ese es un problema mundial, en todos los países ocurre y eso es muy grave porque las investigaciones no les llegan a las personas realmente interesadas”.

El trabajo intelectual tienen repercusión en la academia, pero no hay manera de que les llegue a las personas que están en el Gobierno y que tienen poder de decisión. ¿Qué tanto caso se le hace a un intelectual, a un investigador? ¿Quiénes lo escuchan?
“Ha cambiado un poco. Hubo un tiempo en que había una ruptura entre la universidad y los gobiernos. El Gobierno no miraba a la universidad sino como fuente de problemas y la universidad miraba a los gobiernos como una parranda de clientelistas que no necesitaban que nadie les dijera nada. Eso ha venido cambiando, hoy, tanto el gobierno nacional como el departamental y el municipal han sabido rodearse de asesores e intelectuales que les ayudan, que conocen las problemáticas y son sensibles, y algunos han tenido la capacidad de contratar con las universidades temas específicos para el desarrollo de propuestas. Yo creo que esa ruptura cambió y en este momento hay más oídos del Gobierno hacia los intelectuales y un poco de acercamiento de los intelectuales a los sectores gubernamentales”.

¿Qué está haciendo ahora?
“Nada. Recibo a algunos estudiantes, les ayudo en sus tesis; me reúno con algunos amigos del Instituto en sus investigaciones, pero no como un compromiso oficial. No estoy escribiendo mayor cosa, nada que valga la pena, porque para eso se necesita moverse...”.
Como en su niñez y adolescencia María Teresa Uribe vive rodeada de libros. En su casa, que es como un oasis en medio del bullicio de la ciudad, tiene bibliotecas en distintos puntos. Lee prensa física y por internet, conserva su ánimo para la tertulia y para beber un buen café. Para encontrarse con gente joven, que es como un bálsamo y que le hace pensar en el buen futuro de la investigación en ciencias sociales en Colombia. Sigue triste por la muerte de Carlos Gaviria, el amigo, el magistrado, el humanista. El profesor que fundó el Instituto de Estudios Políticos y Regionales que ella lideró cuando él lo dejó en sus manos y desde el que hizo y hace escuela, con investigadores que han seguido sus pasos... “Pienso que ya hice lo que pude y en este momento les toca a ellos”, dice.


Fuente: http://m.elcolombiano.com/maria-teresa-uribe-habla-sobre-los-cambios-sociales-en-colombia-DE6251036

domingo, 26 de marzo de 2017

RULFO, EL AMOR POR EL AIRE DE LAS COLINAS Carlos Mario Garcés Toro

Bello el amor de Juan Rulfo por Clara Aparicio. Rulfo, Rulfo, el que como pocos, el que entre los mejores, plasmó en giros insospechados y poéticos el paisaje del alma y el paisaje del llano. (Ese paisaje y ese llano que todos llevamos dentro). Se conocieron en 1941. Él tenía 24 años. Ella sólo trece. Pero solo hablarían tres años después en el café Nápoles de Guadalajara. “Aire de las colinas”, La llamó Rulfo. Incluso a su cámara fotográfica le puso el nombre de Clara. Con ese “Aire de las colinas” y el ojo reposado de la cámara Rulfo recoge con sensibilidad, inteligencia y vivacidad imaginativa el espíritu de la provincia, las palabras ciertas en boca de los campesinos y los muertos, el inconsciente de todos nosotros. Porque de algún modo Pedro Paramo somos nosotros. En Rulfo no hay retórica. Hay poesía. Supo que había llegado a un punto demasiado alto que no podía superar. Por eso no volvió a escribir nada. Pudo hacerse rico. Pudo escribir lo que quisiera, pero sabía que en ello se advertiría la falta de un óleo melódico interior. Por eso fue fiel con la poesía y consigo mismo. Tuvo dignidad. Hoy Rulfo (mañana Clara) es aire que baja de la colina, o es una flor ligera junto a una alambrada que hiere el horizonte, o es hierba que moja la lluvia, o es terrones de tierra o cascajo que cubren el camino por donde pasan las sombras de los aldeanos y la vacada lenta, lenta a la entrada de alguna provincia de Jalisco. Para ti todo se ha hundido en la niebla del vacío y el silencio. Pero tus palabras continuarán repitiéndose entre los vivos y los muertos, mientras haya un sólo hombre en el mundo, que cuenta silabas y entrelaza palabras, en la trama infinita del alfabeto.

domingo, 5 de marzo de 2017

“La Edad de Oro” de José Martí y la formación axiológica del hombre de Nuestra América

Alicia PinoInstituto de Filosofía de Cuba

"La Edad de Oro" llega a nosotros, a cien años de distancia con una frescura única en sus páginas, válida y vigente, hablando a los niños en lenguaje universal que no conoce tiempos ni distancias.

El genio "del hombre de "La Edad de Oro" está indudablemente presente en esta obra, que se constituye en resultado del quehacer espiritual que sabe trasmitir una concepción humanista vigente a tal punto, que es vía y método de la formación del hombre nuevo.

Una vez más, José Martí resulta nuestro contemporáneo, y por qué no decirlo, esta "revista para niños" se constituye hoy en ejemplo para aquellos que han tomado en sus manos la difícil tarea de comunicarse "con los que saben querer". "La Edad de Oro" sabe llegar a los niños sin artificios en el lenguaje y sin inventar un mundo distinto del real.

"A los niños - decía el Maestro - no se les ha de decir más que la verdad, y nadie debe decirle lo que no sepa y como se lo está diciendo, porque luego los niños viven creyendo lo que les dijo el libro o el profesor, y trabajan y piensan como si eso fuera verdad, de modo que si sucede que era falso lo que les dicen, ya les sale la vida equivocada, y no pueden ser felices con ese modo de pensar, ni saben como son las cosas de veras, ni pueden volver a ser niños, y empezar a aprender todo de nuevo"[1]

La Edad de Oro se rige por este principio, usando el estilo y modo apropiados para, no sólo instruir al niño, sino conmoverlo esto es su mérito mas importante, es ejemplo vívido del empleo de las grandes verdades para, por el camino de los elevados sentimientos, llegar a la razón y al corazón de los hombres del mañana.

La vocación del Maestro con "Nuestra América" como causa imperecedera de los revolucionarios está plasmada para los niños en su revista. El amor a los pobres y los oprimidos, la vida y obra de las grandes personalidades, el valor de sus pueblos y su lucha infatigable por la libertad haciéndose eco de su propia verdad. Esta revista es tribuna de internacionalismo y de amor a los pueblos de la tierra: “ Patria es humanidad "se concreta en el camino que recorre este amigo de La Edad de Oro a través de todos los continentes del mundo.

Sin temor a equivocarnos, diríamos que el objetivo martiano en esta revista para pequeños lectores es sin duda la transmisión de una finalidad a alcanzar por los que serían hombres del futuro.

El ideal del hombre

Artículos, poemas, crónicas, aparecen en su integridad como partes que van configurando un propósito que aparece como la imagen del ideal humano, el ideal del hombre que Martí concebía como elemento imprescindible en la educación. Es en este sentido que puede hablarse de objetivos metodológicos. La educación entendida de la forma mas amplia a través de la muestra de las altas realizaciones humanas de la actividad multifacética del hombre: el trabajo, el arte, la historia, señalando los valores elevados en cada esfera y señalando, con concreción a través de la ficción o la realidad los modelos que podrían constituirse en patrones de guía para el niño que leyera La Edad de Oro.

Otra de las particularidades fundamentales de este quehacer metodológico concreto, está en ir conformando este ideal, a través de los diferentes temas de la Revista. Los hombres que José Martí propone son artistas, patriotas, héroes legendarios, hombres de todos los continentes que sufrieron y amaron y también se equivocaron; sus errores son dados en el afán de presentar la realidad, la terrenalinadad de los héroes. Ellos han escogido caminos difíciles pero han tenido propósitos bellos y elevados, de forma grandiosa (Bolívar), de manera cotidiana y modesta (Meñique). De esta forma el perfil definitivo del ideal aparece como la suma de aquellos atributos que caracterizan lo mejor del hombre. El enseñar al niño un modelo a imitar es obra larga, sólo a través de la confrontación con la vida puede conseguirse. ("La educación empieza con la vida y no acaba sino con la muerte")[2].

El sentido metodológico de educar a través del ejemplo y tomando como base los aspectos mas significativos de la cultura humana tiene en Martí una peculiaridad, la inscripción de lo mejor de los logros humanos en nuestro contexto nacional y continental; el sentido de lo autóctono, de lo propio continental insertado en el quehacer mundial y visto con óptica especial junto a los pobres y oprimidos de nuestro continente, los pobres y oprimidos de otras tierras, la unidad mas allá de lo continental y nacional.

El sentido de la universalidad de los problemas de nuestro continente: junto a los héroes latinoamericanos, indios y "Anamitas" que sufren el yugo similares a los de nuestros pueblos. La fe en el poder de las masas para hacer su propia historia en cualquier continente. En síntesis, el sentido histórico de la actividad y sus logros.

Por otra parte, este sentido histórico es enfocado hacia el futuro, con el resultado siempre presente en las historias reales o, fantásticas, del triunfo de los ideales elevados que van siempre junto a la justicia social y el progreso científico.

El presupuesto esencial del cual parte el Maestro es precisamente el propio humanismo en su acercamiento al hombre. José Martí, observador profundo, se resistía a colocar en abstracciones al hombre y las reflexiones sobre él eran siempre antecedente o precedente al hombre real. Su observación era pues, hacia el hombre real y sus relaciones reales y sobre todo su actividad, juzgar al hombre sólo es posible a través de sus acciones, lo demás es especulación.

No hay en Martí especulaciones oscuras y tenebrosas en relación al sentido de la vida humana, su fundamentación del hombre se esencializa en su manera de enfrentar la vida, las contradicciones se admiten pero sin trasfondos oscuros divinos o humanos, sino porque la propia naturaleza humana es contradictoria y la propia vida lo es más. Martí no es pesimista a pesar de eso, no lo fue siquiera para sí mismo, es contradictorio como confesaba a su " verso amigo", sufriendo de esas tantísimas contradicciones de la vida, admitía esto como elemento constituyente de la vida humana, es por eso quizás que afirmara la ciencia sobre la vida humana, difícil si para obtener resultados, sacar de sí lo que el hombre llevando en sí no confesaba nunca. pero inmediatamente agregaba, que sin embargo, nada es mas regular, que la propia vida. El hombre debe ser medido por sus acciones, sus móviles ocultos, allí están y saldrán o no a la luz, aunque los vicios humanos cuando son arraigados saldrán a la larga.

Martí no concibió hombres perfectos, modelos humanos extraterrenales, ni él mismo lo era a sus ojos, y sus exámenes autocríticos nos deben servir de pautas. Sus reflexiones sobre el hombre comienzan en sí mismo, con sus virtudes y defectos.

"La Edad de Oro" parte, como afirmábamos, de ese supuesto que de muchas maneras aparecerá dicho o explicado pero que se constituye en hilo metodológico fundamental que ayuda a los niños a entender que muy buenas pueden ser las intenciones pero que ellas no justifican las malas acciones y lo mas importante que el hombre debe hacer lo posible porque el bien triunfe.

En "Tres héroes", esa historia maravillosa de "Nuestra América" que quisiéramos nuestros padres y maestros supieran contar o por lo menos leerla a los niños, afirmaba: "Bolívar...; San Martín...; Hidalgo... Se les puede perdonar sus errores porque el bien que hicieron fue mas que sus faltas. Los hombres no pueden ser mas perfectos que el sol: El sol quema con la misma luz que calienta. El sol tiene manchas: Los desagradecidos no hablan más que de las manchas, los agradecidos hablan de la luz"[3].

El propósito martiano está sistematizado en la Revista a partir precisamente de las relaciones complejas entre el hombre y el mundo. La determinación del papel que en la historia tiene el hombre y el que debe tomar conscientemente forman parte indisoluble de las páginas de la revista. La convicción de que el hombre es de esencia y procedencia igual en todas partes, asumiendo de hecho que no existen diferencias en su identidad fundamental humana que separen niveles aparentes de desarrollo, o problemas raciales, esta convicción martiana es sólo explicable en esta convicción historicista.

"Estudiando se aprende esto: que el hombre es el mismo en todas partes, y aparece y crece de la misma manera, y hace y piensa las mismas cosas, sin más diferencia que la de la tierra en que vive, porque el hombre que nace en tierra de árboles y flores, piensa más en la hermosura y el adorno, y tiene más cosas que decir, que el que nace en tierra fría, donde ve el cielo oscuro y su cueva de roca. Y otra cosa se aprende, y es que donde nace el hombre salvaje, sin saber que hay ya pueblos en el mundo, empieza a vivir lo mismo que vivieron los hombres hace miles de años”[4].

La concepción sobre el hombre unifica los disímiles temas de esta revista para niños, que todas las personas mayores deberían leer. En la revista, obra de un artista revolucionario, la actividad humana con fines progresivos es la base de la cual se parte para fundamentar los valores, recordemos cómo explica Martí a los niños la significación de la Revolución Francesa: “Francia fue el pueblo bravo, el pueblo que se levantó en defensa de los honores, el pueblo que le quitó al rey el poder. “Eso era hace cien años, en 1789. Fue como si se acabase un mundo y empezara otro”.[5]

Explicó también aquí el significado de la Revolución Francesa a partir de la significación que tiene los trabajadores y el trabajo, son, según explica Martí a los niños “los caballeros de veras”. “La Edad de Oro” es ejemplo vivo de la concepción del mundo de José Martí, es la concepción del hombre nuevo de Nuestra América, de ése que aún pulula por las calles de nuestras sufridas tierras alimentando la piedad universal, pero que tenemos que enseñar a alzarse, a empinarse, que debe mirarse en sus antepasados, desde aquellos que sepultados por botas extranjeras en las ruinas indias, están como mirando el destino futuro de sus tierras. Para los niños, escribía Martí, para los niños sigue escribiendo y escribirá siempre, para nuestros niños de América que deben descubrirlo de una buena vez y aprender, sin quitarse el polvo del camino a determinar, como Bolívar, el verdadero y único destino de Nuestra América.

Los grandes hombres

Definir el ideal del hombre a través de la trasmisión del conjunto de valores que consideraba esenciales para el perfeccionamiento humano llevaba como componente la terrenalidad de estos ideales, Martí consideraba a los grandes hombres como trasmisores de los mismos y es por eso el lugar que ocupan en las paginas de la Revista.

En los relatos históricos de Martí, aquellos en los que aborda la música, o las grandes obras literarias y artísticas o la propia historia de los pueblos con la de "Nuestra América". Los niños son capaces de identificar los protagonistas individuales de las contiendas. Allí están los héroes, vivos en los relatos, de cuerpo y de mente, pero Martí insiste en una peculiaridad, esos héroes nunca son mas que su pueblo, son parte del mismo y sin él nada son.

¿Cuál es el papel de las individualidades?
"Hay hombres -dice- que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que consultar a nadie mas que a sí mismos, y los pueblos tienen muchos hombres, y no pueden consultarse tan pronto"[6]

José Martí, participante de la vida y la historia de su pueblo, supo de las consecuencias de esta peculiaridad que distingue, sin duda, a las grandes personalidades, en él encontramos la fundamentación del aspecto humano de la relación personalidad-sociedad.

Se analiza con regularidad en el ideario martiano la posición humana de los grandes hombres con respecto al colectivo general. Su comprensión de este aspecto le ayudó, táctica y estratégicamente a resolver múltiples problemas en el orden práctico de la preparación de la guerra necesaria. Al indagar y estudiar el papel de las grandes personalidades en la historia determinó siempre dos elementos esenciales: que un gran hombre no lo era sin su pueblo, y segundo, el gran hombre ve mas lejos, con mayor rapidez, que su pueblo, a veces, incluso, se adelanta a los acontecimientos históricos, de aquí las contradicciones inevitables que surgen entre esta personalidad y la sociedad.

Esta contradicción no deviene sólo de puntos de vista opuestos y antagónicos con determinada personalidad y sectores, sino con una visión mas profunda de la esencia de los acontecimientos y sobre todo, y así lo explica Martí, de la personalidad que es incapaz de claudicar en sus objetivos a pesar de las incomprensiones o de la fuerza y que los llevará, hasta sus últimas consecuencias, cuando sean justos y progresivos entendiendo todo esto como deber...

Por eso entre esos factores que aceleran o retardan el desarrollo de la historia, están precisamente las personalidades históricas, que lo son en la medida no solamente de hacerse eco de las demandas de clases y grupos sociales, sino en la medida en que penetran con mirada aguda en la esencia de los acontecimientos. Su pensamiento es por tanto heurístico y esto nos permite explicar a todos los grandes que vieron allí donde nadie veía.

Pero no termina aquí el análisis martiano, va hacia la comprensión de las consecuencias que reporta para la personalidad histórica, lo que significa para el hombre cumplir con su deber, cuando este deber se adelanta a lo que se entiende por deber en su grupo, clase, colectivo, familia, etc. Martí analiza esto en todos sus aspectos, desde la familia hasta los hombres que pretendían cambios a veces diferente de los que él consideró necesarios.

Martí habla de dolor y soledad, de incomprensiones, de franca oposición y lucha durante toda su vida en esa contradicción, pero esta, como todas, no es extrahumana, sino es interpretada de forma natural.

Muchas veces se especuló con este análisis martiano de la contradicción personalidad-sociedad y realmente no caben las especulaciones. Es lógico el desánimo ante la incomprensión pero José Martí lo único que no admitía eran razones míticas o místicas en el destino, mejor sería en el sentido de la vida que como personalidad le tocó,


Del Padre Las Casas decía: "El hombre virtuoso debe ser fuerte de ánimo, y no tenerle miedo a la soledad, ni esperar a que los demás le ayuden, porque estará siempre sólo, pero con alegría de obrar bien que se parece al cielo de la mañana en la claridad"[7]

Y en este artículo de "La Edad de Oro" comienza afirmando: "Cuatro siglos es mucho, son cuatrocientos años. Cuatrocientos años hace que vivió el Padre Las Casas, y parece que está vivo todavía, porque fue bueno"[8]

De San Martín dirá: "En cuanto supo que América peleaba por para hacerse libre, vino a América, que le importaba perder su carrera, si iba a cumplir con su deber"[9] , y resume de los "Tres héroes": "Un escultor es admirable, porque saca una figura de la piedra bruta; pero esos hombres que hacen pueblos son mas que hombres"[10]

La base axiológica de la transformación humana
Martí ha logrado en esta empresa tan difícil educar al hombre para mejorarlo, algo que los educadores actuales no debemos olvidar: los valores no deben aparecer como abstracciones para el hombre, deben vestirse, con ropas terrenales y señalar con gestos y lágrimas las virtudes y equivocaciones humanas.

Esta metodología se diferencia diametralmente de aquella que al proponer valores los inscribía de forma especulativa en banderas irrealizables para el hombre terrenal, convirtiéndolo en artículo de fe y no en instigadores de la actividad humana concreta que en las condiciones reales puede efectivamente perfeccionarse, no sólo en forma externa, sino en el mundo interno del hombre que se reconoce humano del ideal concreto y que puede proponérselo como ideal al cual seguir. Creemos que es este el mérito fundamental de "La Edad de Oro " y del hombre de "La Edad de Oro".

La variedad de temáticas abordadas nos hablan de la universalidad de los valores humanos, la diversidad de las épocas de la permanencia de esos valores en la existencia del hombre. En cuanto a los medios usados por el Maestro, él nos ha demostrado que no puede existir transmisión de valores y creación de convicciones sin sentimiento, hay que conmover al hombre a través de los sentimientos, se usa aquí la ficción con depurada connotación artísticas para despertar en el niño el reconocimiento de valores humanos elevados.

Los cuentos recogidos en los números de "La Edad de Oro" proponen a través (en su mayoría) de los propios niños como protagonistas los errores y aciertos, extrayendo enseñanza del triunfo de la verdad, el bien, del amor, sobre lo feo y o bajo de la existencia que adquieren personalidad propia en las historias (los hermanos de Meñique, el señor Don Pomposo, etc.).

Determinar un código de valores que ayude al niño a juzgar es precisamente el objetivo martiano. Es difícil, al parecer, entre tantos disímiles temas, lograr coherencia en el propósito, pero vemos como cada eslabón entronca y como al concluir la lectura se reafirman conceptos y valores con singular claridad. En su ayuda aparece "La Ultima Página" donde con singular maestría aparecen las ideas y valores fundamentales que se han querido trasmitir.

Los valores, en la concepción martiana son acciones y nada más que acciones, en la traducción de sus sentimientos y convicciones en su hacer, el hombre hace patente los valores, no tiene sentido fuera del hombre, pero no tiene tampoco sentido fuera de la confrontación humana con la vida, y más, en su confrontación con el sentido permanente y eterno de mejorar que debe tener la Historia.

Esos son valores, los que han encaminado al hombre, a los pueblos a la humanidad (en acciones) a mejorar a pesar de no haber sido incluso, entendidos en determinado momento de la vida. El valor para dotar al hombre de convicción debe estar conformado por dos elementos, lo moral y el conocimiento, la convicción tiene que venir en primer lugar de que esta acción sea realmente humana , en segundo lugar, esta acción tiene que estar traducida por el talento y el talento es cualidad del hombre que conoce, viene del conocimiento del mundo a través de la ciencia y de la observación constante de la vida y de los hombres. Estas son las bases de lo que siendo valores lo son, por estar ya probados a través de estos elementos en la propia vida. Son los que deben inspirar las acciones futuras y ayudarnos a determinar el camino del progreso individual y general.

El camino de la sensibilidad como método

Martí entendió que no se debía mostrar a los niños mundo distinto del real, y esto no quiere decir ausencia de fantasía y de maravilla, fantasía y maravilla hay en "La Edad de Oro" pero la mujer del pescador que no supo poner coto a la vanidad y la avaricia son víctimas a pesar de la maravilla del Camaroncito Encantado, y Meñique no creció físicamente un centímetro para ser rey, sus grandezas, como la verdadera, no estaba en su esmirriada y chocante a veces estatura, sino en sus virtudes y valores, y los niños maravillosamente lo entienden, entienden que el pequeño que cabía en la bota de su padre fuese amado y querido para siempre por una maravillosa princesa. La verdad y la vida verdadera se muestran a través de la fantasía y lo maravilloso.

"La Edad de Oro" trata de despertar en el niño el deseo no sólo de conocer y amar, sino de hacer lo bello. La dicotomía entre fealdad y belleza, vista siempre desde el punto de vista moral es una regularidad de la Revista. Su propósito: enseñar a desear la belleza y a rechazar la fealdad. Pero , y esto es lo mas importante ¿que es lo bello y qué es lo feo? incluso ¿qué es cómico o trágico, o sublime o heroico o bajo?. Los matices de la relación estética están dados aquí a través de la realidad ficción, logrando sin conceptos que los niños encuentren una medida para juzgar de los fenómenos reales e incluso clasificar, guiados siempre por un sólido código de principios morales, sin consignas, sin abstracciones, identificándose con la acción y valores de los hombres y mujeres que aquí se les muestran.

"La Edad de Oro", no miente a los niños al explicarles que el camino de la belleza y la bondad es muy difícil. No son sólo las grandes personalidades las que mueren por su deber entre miles de dificultades, es todo hombre, es todo hombre pequeño que tiene que ser capaz de perseverar a pesar de las oposiciones como Meñique con sus hermanos o Piedad eligiendo a pesar de todo el mundo a la muñeca negra, o al Emperador que finalmente reconoció la belleza de la independencia del canto dulce del ruiseñor verdadero, o Pilar que regaló sus zapatos a pesar de su mamá o... cada uno de los personajes de la Revista maravillosa, que viven esta vida verdadera y de conflictos en que las opiniones se contradicen, y seguir el camino de la virtud, de la bondad y de la belleza, en el deber encontrará siempre opositores. Martí enseña esto a los niños y enseña más, hay que tener una opinión propia sobre las cosas y empeñar hasta la vida cuando se cree con certeza en una causa, aunque se nos oponga, hay que decir la verdad, siempre la verdad, y ahí está el Padre Las Casas que no se cansó en noventa años de decir la verdad.

Este código de valores, vigente hoy mas que nunca, toma como esencial la belleza y la bondad, así Meñique vence a la larga, por su talento, pero también por su buen corazón ("tener talento es tener buen corazón; el que tiene buen corazón, ese es el que tiene talento")[11].

La bondad que no es otra cosa que hacer el bien sin cansarse, por eso los niños deben reunirse para hacer algún bien, o deberían entristecerse cuando pasa un día sin hacerlo, la bondad que se transparenta en cada personaje y resalta como elemento fundamental de cada héroe, que aparece graficada en el gesto del Padre Las Casas al amparar al indio, y en la india que se le echa a los pies para que la bendiga, o en Bebé que oye las historias de los criados negros de la casa o llama a su caballo " caballito de mi alma" o en Meñique cuando va a buscar a sus hermanos fracasados para que duerman en el palacio. La bondad es el atributo esencial humano, pero ser bondadoso es ser inteligente, para hacer el bien hay que saber, es por eso que cada página de la Revista es una clase de tan disímiles temas. Martí no ha tenido miedo de contarle a los niños de la Historia del Hombre, de las grandes obras de arte de la antigüedad, de la industria y de la ciencia. No ha sustituido los conceptos esenciales y ha sido capaz de definir con certeza los conceptos. 

Al leer pensamos lo difícil que resulta elaborar una definición para los niños. "La Edad de Oro" es un camino, una vía metodológica para ayudarnos a comunicarnos con los niños.

Conclusiones

1- “La Edad de Oro” es la concreción de una metodología del mejoramiento humano, tal y como fue sistematizada por José Martí. El Maestro fundamento ,partiendo de un propósito esencial, el de el cambio radical de la sociedad que le correspondió, una concepción alternativa sobre el desarrollo social cuyo centro es precisamete la formación de un hombre nuevo capaz de establecer nuevas relaciones con la sociedad, con los otros hombres y con la naturaleza, la base de esta transformación era la formación y educación en el hombre de un conjunto de valores cuyas bases esenciales eran el deber, la belleza entendida como perfeccionamiento y la bondad consciente acompañada del conocimiento de la vida y del mundo espiritual humano.

2- Tres aspectos, al menos pueden señalarse en la conformación de este propósito:
-La conformación de un ideal de hombre que tiene como base, su terrenalidad y que se expresa en la concepción historicista que no permite la especulación o abstracción en las definiciones y conceptos que trasmite y que tienen como centro, el compromiso del hombre con la verdad, la actividad creativa y trasformadora, la belleza y la bondad, inserto todo en el deber histórico y la convicción de que perfeccionarnos todos es camino de perfeccionamiento general.
-La traducción de este ideal es valores, trasmitidos desde la realidad con héroes históricamente comprometidos con causas de perfeccionamiento o a través de la ficción para señalar en la cotidianidad la presencia de los valores.
- El señalamiento de la vía de esta trasmisión de valores en el camino de la sensibilidad, para crear y formar valores hay que apelar a los sentimientos y las emociones, no sólo a os conocimientos y ala instrucción.


3-La concepción sobre el desarrollo de Martí se concreta en esta Revista que logró demostrar que los punto de vista teóricos se hacen vigentes en la medida que encuentran vías concretas de transformación practica.

[1]Martí, José, O. Completas, T XVIII, p.501
[2] Martí, José. O. Completas, T. XVIII, p 390.
[3] idem.anterior, p305
[4] idem. p357
[5] idem. p406
[6] idem. anterior p305
[7] idem.p446
[8] idem.p440
[9] idem.p308
[10] idem.p308
[11] idem.p324

Fuente:http://www.hottopos.com/vdletras4/pino.htm