jueves, 11 de mayo de 2023

Un viaje a través de la lectura y los libros_ CMGT

 

LA BIBLIOTECA

El aire es allí diferente.
Está erizado todo por una corriente
Que no viene de este o aquel texto,
Sino que los enlaza a todos
Como un círculo mágico.
El silencio es allí diferente.
Todo el amor reunido, todo el miedo reunido,
Todo el pensar reunido, casi toda la muerte,
Casi toda la vida y además todo el sueño
Que pudo despejarse del árbol de la noche.
Y el sonido es allí diferente.
Hay que aprender a oírlo
Como se oye una música sin ningún instrumento,
Algo que se desliza entre las hojas,
Las imágenes, la escritura y el blanco.
Pero más allá de la memoria y los signos que la imitan,
Más allá de  los fantasmas y los Ángeles que copian la memoria
Y desdibujan los contornos del tiempo,
Que además carece de dibujo,
La biblioteca es el lugar que espera.
Tal vez sea la espera de todos los hombres,
porque también los hombres son allí diferentes.
O tal vez sea la espera de que todo lo escrito
Vuelva nuevamente a escribirse,
Pero de alguna otra forma, en algún otro mundo,
Por alguien parecido a los hombres,
Cuando los hombres ya no existan.
O tal vez sea tan solo la espera
De que todos los libros se abran de repente,
Como una metafísica consigna,
Para que se haga de golpe la suma de toda la lectura,
Ese encuentro mayor que quizá salve al hombre.
Pero, sobre todo, la biblioteca es una espera
Que va más allá de letra,
Más allá del abismo.
La espera concentrada de acabar con la espera,
De ser más que la espera,
De ser más que los libros,
De ser más que la muerte.

Este hermoso poema acerca de la biblioteca, pertenece al poeta argentino Roberto Juarroz, y es parte de su “Poesía Vertical”.

 

 

 

PREFACIO DEL LIBRO

CÓMO LEER Y POR QUÉ, DE HAROLD BLOOM

 

        No hay una sola manera de leer bien, aunque hay una razón primordial por la cual debemos leer. A la información tenemos acceso ilimitado; ¿dónde encontraremos la sabiduría? Si uno es afortunado se topará con un profesor particular que lo ayude; pero al cabo está solo y debe seguir adelante sin más mediaciones. Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos en mi experiencia, es el placer más curativo. Lo devuelve a uno a la otredad, sea la de uno mismo, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La lectura imaginativa es encuentro con lo otro, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer bastante gente, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la comprensión imperfecta y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional.

        Este libro enseña cómo leer y por qué, y avanza afianzándose en una multitud de ejemplos y muestras: poemas cortos y largos, cuentos y novelas. No debe pensarse que la selección es una lista exclusiva de qué leer, se trata más bien de una muestra de obras que mejor ilustran por qué leer. La mejor forma de ejercer la buena lectura es tomarla como una disciplina implícita; en última instancia no hay más método que el propio, cuando uno mismo se ha moldeado a fondo. Como yo he llegado a entenderla, la crítica literaria debería ser experiencial y pragmática antes que teórica. Los críticos que son mis maestros - en particular el Dr. Samuel Johnson y William Hazlitt - practican su arte a fin de hacer explícito, con cuidado y minuciosidad, lo que está implícito en un libro. En las páginas que siguen, ya trate con un poema de A. E. Housman o una pieza teatral de Oscar Wilde, con un cuento de Jorge Luis Borges o una novela de Marcel Proust, siempre me ocuparé sobre todo de modos de percibir y comprender lo que puede y debe hacerse explícito. Dado que para mí la cuestión de cómo leer nunca deja de llevar a los motivos y usos de la lectura, en ningún caso separaré el "cómo" y el "por qué". En "¿Cómo se debe leer un libro?", el breve ensayo final de su Lector Común (Volumen II), Virginia Woolf hace esta encantadora advertencia: "Por cierto, el único consejo que una persona puede darle a otra sobre la lectura es que no acepte consejos". Pero luego añade muchas disposiciones para el gozo de la libertad por parte del lector, y culmina con la gran pregunta "¿Por dónde empezar?" Para llegar a los placeres más hondos y amplios de leer, "es preciso no dilapidar ignorante y lastimosamente nuestros poderes". Parece pues que, mientras uno no llegue a ser plenamente uno mismo, recibir consejos puede serle útil y hasta esencial.

        Woolf, por su parte, había encontrado asesoramiento en Walter Pater (cuya hermana le había dado clases), y también en el Dr. Johnson y los críticos románticos Thomas de Quincey y William Hazlitt, sobre el cual hizo esta maravillosa observación: "Es uno de   esos raros críticos que han pensado tanto que pueden prescindir de la lectura." Woolf pensaba incesantemente, y nunca dejaba de leer. Tenía buena cantidad de consejos para dar a otros lectores, y a lo largo de este libro yo los he adoptado muy contento. El mejor es recordar: "Siempre hay en nosotros un demonio que susurra 'amo esto, odio aquello' y es imposible callarlo." Yo no puedo callar a mi demonio, pero en fin, en este libro lo escucharé únicamente cuando susurre "amo", porque aquí no pretendo entablar polémicas; sólo quiero enseñar a leer.

 

 

FRAGMENTO DE LEER Y OÍR LEER, DE ANTONIO CASTILLO GÓMEZ

 

       (…) Los libros no son nada, o casi nada, sin la lectura, esto es, solo adquieren su verdadero sentido al ser leídos». Esta toma de posición radical desde las primeras líneas nos pone sobre aviso del eje que vertebra todo el libro. La perspectiva de Antonio Castillo Gómez se enmarca en la transformación que recientemente ha experimentado la historia del libro, a la cual se ha sumado la historia de la lectura. Dicha orientación se fundamenta en la estética de la recepción, teniendo en cuenta que, para comprender la escritura en toda su complejidad, es necesario un estudio de la lectura.

       Según lo anterior, el acto de lectura no es un acto pasivo, sino que, desafiando cierta lógica sustancialista, la lectura reacciona ante el texto, reinterpretándolo. Leer es una actividad interpretativa e inconclusa, como la obra invisible del escritor del relato ‘Pierre Menard autor del Quijote de Borges’. Este énfasis en la recepción nos alerta de una característica esencial de lo escrito. Los textos no son unidades indivisibles. Su carácter fragmentario se suplementa –aunque su apertura seguirá siendo radical, puesto que las posibilidades de lectura, recepción y reinterpretación son inagotables– con la constante relectura. La pluralidad e indeterminación de lectores y situaciones implica que el texto jamás es idéntico así mismo, sino que va cambiando a medida que va siendo leído y que se produce una «fusión de horizontes», como ha dejado bien establecido Gadamer, entre los factores que componen el entramado de sentido. En definitiva, el texto no es inmutable, sino que es un producto cultural variable. Igualmente, este dispositivo se encuentra, constantemente sometido a las mediaciones sociales que son su condición misma de posibilidad.

 

 

FRAGMENTO DE SOBRE LA LECTURA,

DE ESTANISLAO ZULETA

 

(…) Al final del prólogo de la Genealogía de la moral Nietzsche dice que requiere un lector que se separe por completo de lo que se comprende ahora por el hombre moderno. El hombre moderno es el hombre que está de afán, que quiere rápidamente asimilar; “por el contrario, mi obra requiere de lectores que tengan carácter de vacas, que sean capaces de rumiar, de estar tranquilos”. Nietzsche dice que “existe la ilusión de haber leído, cuando todavía no se ha interpretado el texto. Y esa ilusión existe por el estilo mísero en que escribe.

 

Pero él va más lejos, el texto que viene más a la mano es el Zaratustra y se encuentra en el primer discurso del Zaratustra. Dice Nietzsche que va a contar la manera como el espíritu se convierte en primer lugar en camello, el camello se convierte en león y éste

se convierte finalmente en niño.

Nietzsche dice que primero el espíritu se convierte en camello, es el espíritu que admira, que tiene grandes ideales, grandes maestros. Por ejemplo, en el caso de Nietzsche, Schopenhauer, y una inmensa capacidad de trabajo y dedicación; el camello es el espíritu sufrido, el espíritu que busca una comunidad con cualquier cosa. –Es un aspecto que se refiere al pensamiento, todo el Zaratustra es una teoría del pensamiento–. Si no se logra leer así, no se entiende nada; pero el espíritu no es sólo eso, admiración, dedicación, fervor, y trabajo; el espíritu es también crítica, oposición y entonces dice que el espíritu se convierte en león; Como león se hace solitario casi siempre y en el desierto se enfrenta con el dragón lleno de múltiples escamas y todas esas escamas rezan una misma frase: tú debes. Entonces el espíritu se opone al deber, es el espíritu rebelde, el que toma el tú debes como una imposición interna contra la cual se rebela, que mata todas las formas de imposición y de jerarquía, pero que todavía se mantiene en la negación. Y dice Nietzsche que el león se convierte finalmente en niño y explica así: el niño es inocencia y olvido, un nuevo comienzo, y una rueda que gira, una santa afirmación. Eso ya no es rebelión contra algo; la rebelión contra algo sigue estando determinada por aquello contra lo cual uno se rebela, de la manera en que por ejemplo el blasfemo sigue siendo religioso, porque para pegarle una puñalada a una hostia hay que ser tan religioso como para tragársela; es inocencia y olvido; olvido en Nietzsche es una fórmula muy fuerte, una potencia positiva.

 

 

 

NOTAS EN LA BITÁCORA

 

·       Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida.

                                                                       Mario Vargas Llosa.

·         De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria. Jorge Luis Borges.

·         En muchas ocasiones la lectura de un libro ha hecho la fortuna de un hombre, decidiendo el curso de su vida. Ralph Waldo Emerson.

·         La lectura es a la mente lo que el ejercicio al cuerpo. Joseph Addison.

·         Lee y conducirás, no leas y serás conducido. Santa Teresa de Jesús.

·         Que otros se ufanen de los libros que han escrito; a mí me maravillan los que he leído. Jorge Luis Borges.

·         Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro. Emily Dickinson.

·         Un libro hermoso es una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano. Honoré de Balzac.

·         El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma.

Marcel Prévost.

·         Carecer de libros propios es el colmo de la miseria. Benjamín Franklin.

 

 

sábado, 6 de mayo de 2023

El ensayo parte dos _ Recopilación y Producción Carlos Mario Garcés Toro

 

EL ENSAYO PARTE DOS

 

No hay peor pobreza que la pobreza del lenguaje, que

                                    trae la pobreza de los pensamientos y emociones.

Víctor Sengler.

 

 

ENSAYO SOBREEL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO,

DE VIKTOR FRANK

 (Viena, Austria, 1905-1997)

 

  Por Julio Injoque

 

ENSAYO EXPOSITIVO

 

 

La Segunda Guerra Mundial fue uno de los eventos más espantosos en la historia del hombre. Los derechos de innumerables personas fueron vulnerados y se pudo ver cómo la violencia no tiene límites cuando está acompañada de intereses egoístas. Esta realidad fue la que experimentó Viktor Frankl, quien pasó tres años sobreviviendo las inhumanas condiciones de los campos de concentración nazis. Estas vivencias, junto a sus conocimientos en neurología y psicología, hicieron posible que en 1946 publicase su libro más famoso, El hombre en busca de sentido.

 

Esta obra relata con mucho detalle el modo de vida dentro de los campos de concentración, mostrando cómo el exterminio era llevado a cabo por los oficiales alemanes. En medio de este entorno, y muchas veces al borde de la muerte, Viktor Frankl logró mantener la cordura suficiente para luego reflexionar sobre la condición humana.

 

El hombre en busca de sentido está conformado por varias partes, pero cabe destacar tres que se entienden como fases qué atravesaban los prisioneros. En primer lugar, se encuentra el internamiento, donde las personas eran movilizadas en grandes grupos a través del tren. Los vagones solo contaban con un respiradero, situación que aumentaba la desesperación de la gente. De esta forma los prisioneros se iban acostumbrando al horror, y empezaban a ver la muerte como una vía de escape frente al sufrimiento.

 

Luego estaba la vida en lo mismo campos, es aquí donde todo rastro de voluntad empieza a desaparecer. Los recién llegados aún experimentan sentimientos como la nostalgia, recordando a sus familiares y seres queridos, pero esto es contrastado por el rechazo y repugnancia que les produce su entorno. Las emociones se van adormeciendo y la apatía se apodera de la mente. El autor explica que este es el mecanismo de defensa que utilizaron para afrontar el dolor, los abusos y la crueldad.

 

La última fase corresponde a la liberación. Los prisioneros que lograron sobrevivir son ajenos al mundo, y experimentan un estado llamado “despersonalización”. Todo lo que los rodea les parece irreal, como parte de un sueño del que pueden despertar. Algunos consiguen reintegrarse a la sociedad y asumen lo ocurrido como una pesadilla que han logrado superar, mientras que otros son consumidos por la amargura y desilusión.

 

A partir de su propia experiencia, Viktor Frankl concluye en El hombre en busca de sentido que todas las personas tenemos la capacidad de vencer las dificultades que se presentan en nuestro camino. Lo importante es descubrir aquella verdad que nos motiva, la cual sirve como esperanza ante cualquier tipo de situación. Estas son las bases de la logoterapia, un tratamiento científico que desarrolló en función de la voluntad como motivación primaria.

 

 

ENSAYO INTRODUCTORIO AL LIBRO CÓMO LEER Y POR QUÉ,

DE HAROLD BLOOM

(USA, 1930-2019)

 

 

No hay una sola manera de leer bien, aunque hay una razón primordial por la cual debemos leer. A la información tenemos acceso ilimitado; ¿dónde encontraremos la sabiduría? Si uno es afortunado se topará con un profesor particular que lo ayude; pero al cabo está solo y debe seguir adelante sin más mediaciones. Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos en mi experiencia, es el placer más curativo. Lo devuelve a uno a la otredad, sea la de uno mismo, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La lectura imaginativa es encuentro con lo otro, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer bastante gente, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la comprensión imperfecta y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional. Este libro enseña cómo leer y por qué, y avanza afianzándose en una multitud de ejemplos y muestras: poemas cortos y largos, cuentos y novelas. No debe pensarse que la selección es una lista exclusiva de qué leer, se trata más bien de una muestra de obras que mejor ilustran por qué leer. La mejor forma de ejercer la buena lectura es tomarla como una disciplina implícita; en última instancia no hay más método que el propio, cuando uno mismo se ha moldeado a fondo. Como yo he llegado a entenderla, la crítica literaria debería ser experiencial y pragmática antes que teórica. Los críticos que son mis maestros - en particular el Dr. Samuel Johnson y William Hazlitt - practican su arte a fin de hacer explícito, con cuidado y minuciosidad, lo que está implícito en un libro. En las páginas que siguen, ya trate con un poema de A. E. Housman o una pieza teatral de Oscar Wilde, con un cuento de Jorge Luis Borges o una novela de Marcel Proust, siempre me ocuparé sobre todo de modos de percibir y comprender lo que puede y debe hacerse explícito. Dado que para mí la cuestión de cómo leer nunca deja de llevar a los motivos y usos de la lectura, en ningún caso separaré el "cómo" y el "por qué". En "¿Cómo se debe leer un libro?", el breve ensayo final de su Lector Común (Volumen II), Virginia Woolf hace esta encantadora advertencia: "Por cierto, el único consejo que una persona puede darle a otra sobre la lectura es que no acepte consejos". Pero luego añade muchas disposiciones para el gozo de la libertad por parte del lector, y culmina con la gran pregunta "¿Por dónde empezar?" Para llegar a los placeres más hondos y amplios de leer, "es preciso no dilapidar ignorante y lastimosamente nuestros poderes". Parece pues que, mientras uno no llegue a ser plenamente uno mismo, recibir consejos puede serle útil y hasta esencial. Woolf, por su parte, había encontrado asesoramiento en Walter Pater (cuya hermana le había dado clases), y también en el Dr. Johnson y los críticos románticos Thomas de Quincey y William Hazlitt, sobre el cual hizo esta maravillosa observación: "Es uno de esos raros críticos que han pensado tanto que pueden prescindir de la lectura." Woolf pensaba incesantemente, y nunca dejaba de leer. Tenía buena cantidad de consejos para dar a otros lectores, y a lo largo de este libro yo los he adoptado muy contento. El mejor es recordar: "Siempre hay en nosotros un demonio que susurra 'amo esto, odio aquello' y es imposible callarlo." Yo no puedo callar a mi demonio, pero, en fin, en este libro lo escucharé únicamente cuando susurre "amo", porque aquí no pretendo entablar polémicas; sólo quiero enseñar a leer.

 

 

EL JUEGO*

ALEJANDRO LÓPEZ

(Medellín, 1876-1940)

 

 

El juego es la actividad que consiste en el empleo ordenado de las facultades por el agrado que su ejercicio produce. El hombre es un ser organizado para la actividad, hacia la cual le impulsan constantemente los órganos; el reposo es estado pasajero y temporal, necesario para la recuperación de fuerzas. El hombre contemporáneo emplea una buena parte de sus energías en el trabajo, al cual dedica próximamente la mitad de su tiempo de vigilia; la otra mitad, resta- das las horas de reposo y de refectorio, la dedica usualmente al juego; una minoría, variable según el estado de desarrollo intelectual y económico de cada país, reemplaza el juego por el ejercicio de algún empeño favorito o afición, y algunos hombres, ejercen las tres actividades alternativamente, dándole así mayor variedad e intensidad a la vida.

Fue el juego, indudablemente, la primera actividad del hombre primitivo; al menos se infiere así del estudio de las tribus salvajes durante el período histórico. El escaso desarrollo mental, la carencia de recursos artificiales y el con- tacto inmediato y continuo con la naturaleza, lo inducían a la caza y a la pesca como medios de ejercitar su actividad, y a la danza, como medio de entretenimiento social y afectivo; más tarde aparecieron los juegos sedentarios, como las cartas, ajedrez, etc., propios para distraer las veladas de invierno o los ocios de la ciudad. Finalmente, de años atrás vienen extendiéndose los juegos deportivos reglamentados y que llevan en casi todas las lenguas el nombre inglés de origen:  foot-ball, tennis, baseball, boxeo, cricket, alpinismo, polo, etc.

Tratemos de establecer ahora algunas analogías y diferencias entre las dos actividades de que hemos venido tratando y la del juego. El juego, como el trabajo, es posible sin la iniciativa que requieren las actividades favoritas; tiene de común con la actividad económica y con la predilecta el ser ejercicio de facultades; pero en tanto que el género de trabajo puede no coincidir con las aficiones o preferencias del trabajador, el del juego y el de la actividad favorita son y deben ser de libre elección para cada individuo y se ejercitan con atención espontánea; el juego, sin embargo, se diferencia de la actividad favorita en que de ésta resulta algo o se trata de crear algo, mientras que del juego no resulta sino el agrado o placer de las facultades en actividad, y si hay triunfo es en contra de obstáculos buscados exprofeso, no hallados o confrontados en el curso de una obra.

Cuando el individuo posee capacidades excepcionales para un juego dado, al que por lo mismo se dedica con fervor y aun apasionadamente, el juego tiende a convertirse en actividad predilecta. También se observa que jugadores distinguidos se tornan en profesionales, pasando del juego al empeño favorito y de éste al trabajo en el mismo género de deporte. Inversamente, se observa que algunas personas trabajan por mero deporte, porque le hace falta emplear de ese modo sus facultades, aunque por otra clase de consideraciones no han menester trabajar y aún desearían suspender esa ocupación.

Hay una forma de actividad favorita que tiende a convertirse en simple ejercicio de facultades sin la menor ventaja social, tanto en el género de las actividades manuales como en el de las intelectuales. El hobby literario, por ejemplo, puede resultar un verdadero juego intelectual sin más consecuencias que el agrado del agente, sin ventaja alguna para la sociedad.

Finalmente, anotaremos que los juegos deportivos no dejan de tener sus influencias sobre el trabajo. A más de ser muy adecuados para el cultivo de la salud y la resistencia física, y de la benéfica influencia sobre el temperamento del individuo, obsérvese que los deportes son medios irreemplazables para educarlo en disciplinas que el trabajo presupone y requiere, tales como la fuerza de voluntad, el hábito de exactitud y precisión, la aptitud para subordinarse y coordinarse, el juicio rápido y certero seguido de la acción instantánea consiguiente bajo sanciones inmediatas, el hábito de obrar en  team o acción conjunta en que el uno suple las deficiencias del otro y todos subordinan su triunfo personal al del grupo en perfecta cooperación, etc. Además, quienes se preocupen por investigar las condiciones en que el trabajo da más alto rendimiento no pueden limitar su campo al período del trabajo diario, sino que deben extenderlo a circunstancias que influyen directa o indirectamente en su productividad, como el alojamiento, el descanso y el sueño, lo mismo que el empleo que el trabajador haga de las horas restantes de su vigilia; y es claro que los deportes le brindan al trabajador un cambio de actividad física y mental que efectuará una recuperación más o menos completa de fuerzas y de atención para el trabajo.

A este respecto conviene observar que hay tanta analogía entre las tres actividades que venimos comparando, que bien puede atribuírsele al juego el origen del trabajo, y no a la esclavitud, como lo atribuyen algunos. Es racional suponer que, de pescar, a cazar y subyugar animales, el hombre pasara a aprovecharlos para sus necesidades, en cuanto escasearon los frutos espontáneos.  La esclavitud vendría más tarde, al refinarse la satisfacción de necesidades orgánicas y de defensa o agresión, empleando las víctimas de la derrota (como una concesión, en lugar de sacrificarlas) en las fabricaciones y trabajos semejantes; al menos es más lógico suponer que el esclavo reemplazó al amo en los trabajos más duros, dejándole a éste más tiempo para sus juegos, que aceptar que antes de haber esclavos no existiese trabajo alguno. En todo caso, la teoría del origen del trabajo como natural secuencia del juego es más fecunda y de proyecciones más ilimitadas que la otra. Es más fecundo, en efecto, suponer que el juego sirvió de introducción al trabajo, y que por eso el hombre tiende a transformarlo en juego, que derivar de la esclavitud las formas superiores de trabajo hacia las cuales tiende la humanidad.

 

* Game en inglés, aunque la idea del autor queda mejor expresada por el verbo inglés to play, que se emplea ya se trate de juegos de cartas, de deportes, ejecuciones musicales o representaciones teatrales, etc.

 

 

 

 

DETONANTE PARA LA PRODUCCIÓN

NARRATIVA O POÉTICA

 

 

FIGURA LITERARIA

 

LA PROSOPOPEYA

 

La prosopopeya o personificación es una figura que consiste en atribuirle el don de la palabra a plantas, animales o a objetos inanimados como una silla, un cuadro, un libro, etc.

 

MONÓLOGO DE LA URRACA

Carlos Mario Garcés Toro

 

                                        Parada una urraca

                                        en la rama de un abeto

                                        pensaba y se decía:

                                        -Vida buena la mía

                                        que no tengo que pensar

                                        en que comeré mañana

                                        como si lo hace el de la granja

                                        que agitado acumula

                                        y en su ancha cama se ahoga

                                        por no encontrar llenura

                                        su apetito voraz,

                                        y sin acordarse que un día

                                        vendrá la parca

                                        y sin decirle nada

                                        se lo llevará.

El ensayo: la corona de la inteligencia _ Recopilación y Producción Carlos Mario Garcés Toro

       El ensayo: la corona de la inteligencia

 

Frase de inicio: Las dos llaves del reino: la lectura y la escritura.

        

          ¿Qué es un ensayo literario?

Un ensayo literario es un escrito breve y en prosa, que analiza o reflexiona en torno a un tema libre elegido y abordado por parte del autor. Es considerado uno de los géneros literarios, junto con la narrativa, la poesía y la dramaturgia.

Existen diversos tipos de ensayos que tratan sobre diferentes temas en áreas como la política, la sociedad, la filosofía y las artes. Siempre implican un abordaje subjetivo y personal del autor, aunque riguroso, sobre un tema. Esto significa que un ensayo cuenta con opiniones y argumentaciones del autor, pero sustentadas en la lógica y la información. Su propósito es argumentar en torno al tema elegido.

El ensayo suele ser un texto breve, organizado y que utiliza recursos estilísticos y literarios del idioma para dar fuerza poética y argumentativa a las ideas que desarrolla. Está dirigido a un público amplio, por lo que usa un vocabulario y estilo que busca ser comprendido por todos.

Un ensayo no debe confundirse con una monografía o un documento técnico (como una tesis), porque estos son tipos de textos académicos y, por tanto, más objetivos.

A lo largo de la historia existieron grandes pensadores ensayistas, que hicieron de este género uno de los principales vehículos para el debate de ideas. Algunos de los más reconocidos son Michel de Montaigne (1533-1592), Sir Francis Bacon (1561-1626) y José Ortega y Gasset (1883-1955).

 

¿Cómo hacer un ensayo literario?

El ensayo es un tipo de texto literario, por lo que no cuenta con pasos o elementos determinados e imprescindibles. Sin embargo, debido a que estos textos son ampliamente usados en el ámbito educativo, se suelen enumerar algunos pasos a tener en cuenta para la redacción de un ensayo escolar. Estos son:

Elección del tema. Un ensayo debe abordar un tema o una arista de un tema que interese al autor. No debe ser un tema muy amplio, sino que el escrito debe tratar acerca de una idea o reflexión determinada.

Documentación. Una vez elegido el tema, comienza el proceso de investigación y documentación, es decir, se debe investigar sobre la temática de interés en distintas fuentes. La documentación va a ayudar a tener un panorama más amplio sobre el tema elegido y a conocer lo que otros autores escribieron al respecto.

Preparación. Antes de escribir es importante hacer un esquema de ideas que sirva de guion o esqueleto del ensayo y que plasme el orden en el que se abordará cada idea o argumento.

Redacción. Se procede a escribir usando como base el guion o borrador. Esto implica exponer las ideas lo más claramente posible y en un orden lógico, para que sean comprendidas por el lector. Es importante realizar varias relecturas del texto y aplicar las correcciones necesarias para que el escrito refleje las ideas y opiniones deseadas.

Partes de un ensayo literario

La estructura de un ensayo es sumamente libre, ya que se trata de un tipo de escrito en el que el autor busca argumentar y reflexionar. Sin embargo, a grandes rasgos, el ensayo suele contar con tres partes principales que ayudan al lector a comprender el tema. Estas son:

Introducción. El autor del ensayo expone en los primeros párrafos del escrito el tema sobre el que va a tratar el texto.

Desarrollo. El autor expone sus argumentos y teorías u opiniones sobre el tema elegido. Además, se pueden incluir datos o información que permita al lector comprender más acerca de la cuestión que se está abordando. Esta parte del ensayo suele ser la más larga.

Conclusiones. El autor destaca las ideas principales del ensayo o aquellas ideas que quiere rescatar o que reflejan sus opiniones o conclusiones sobre el tema tratado. Las conclusiones se ubican al final del ensayo y no suelen ser muy extensas.

 

 

Algunos ejemplos de ensayos literarios son:

 

Ensayos de moral y de política (1597), de Francis Bacon.

Una modesta proposición (1729), de Jonathan Swift.

El principio poético (1850), de Edgar Alan Poe.

El poeta Walt Whitman (1887), de José Martí.

Meditaciones del Quijote (1914), de José Ortega y Gasset.

Otra vez la metáfora (1928), de Jorge Luis Borges.

Una habitación propia (1929), de Virginia Woolf.

Elogio de la ociosidad (1935), de Bertrand Russell.

Matar a un elefante (1936), de George Orwell.

La literatura y el derecho a la muerte (1949), de Maurice Blanchot.

La dignidad humana (1976), de Miguel de Unamuno.

Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe (1982), de Octavio Paz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mapa conceptual del ensayo 6

 

 

 

 

 

                                FROILÁN MONTOYA MAZO

 

 

Gloria, la hija del poeta

Julio Flórez

 

La vida se compone de sorpresas. Y a propósito tengo para referir la siguiente que conmovió mi espíritu hondamente: Mi oficina, en esta ciudad de leyendas está situada en la ciudad amurallada, precisamente dentro del “corralito de piedra” de don Daniel Lemaitre. Y una tarde, cuando las luces del crepúsculo comenzaban a decorar el paisaje, este soberbio paisaje de mar y tierra y que sólo en la Ciudad Heroica puede contemplarse, llegó hasta mí una mujer bastante cargada de años en solicitud de una ayuda económica. Mi primera impresión fue la de que se trataba de una mujer, de esas muchas que existen, dedicada al “buen negocio” de la mendicidad.

Cuando hablaba observaba que por allá, de no sé dónde brotaba algo distinto; que en su rostro había un no sé qué nostálgico y que de sus ojos algo fulgía que llamaba la atención. Esto me obligó a interrogarla. A preguntarle por su nombre y procedencia, y fue cuando de sopetón llegó lo inesperado, la sorpresa más grande: “Soy hija de Julio Flórez y me llamo Gloria”.

¡Gloria! ¡exclamé para mis adentros, la hija de Julio Flórez solicitando ayuda económica, es decir, mendigando centavos, no puede ser! Más así era. Por mi mente pasó como un fogonazo el recuerdo del poeta de Usiacurí en aquellas postales que lo demostraban apuesto, con sus mostachos como los de un mosquetero. Al fin y al cabo, en la poesía esto fue Julio Flórez: un mosquetero. En el género romántico no tuvo par, y nuestro Parnaso le debe bastante a su estro magnífico. Muchos de sus versos corren traducidos a diferentes idiomas gracias a lo cual el nombre de Colombia ha volado de boca en boca a través de sus estrofas.

Contertulio de la Gruta Simbólica que por tantos años tuvo vigencia en la capital del país, ha sido quizás con Enrique Álvarez Henao los que mejor recuerdo han dejado. Sus versos podrán sentirse opacados frente a otras tendencias poéticas, pero el triunfo de éstas es apenas transitorio. Mientras haya luna, novias, madres, nubes, mar y firmamento salpicado de estrellas y arreboles, supervivirá lo romántico. De manera que en Julio Flórez hay un real personero de esta escuela y figurará al lado de los inmortales.

Gloria, pues, ha sido una mujer infortunada. Su esposo –cuenta ella

misma–, murió en Cali víctima de la violencia política. Desde entonces, sin rumbo fijo, se mueve de una parte a otra. Y la ansiedad de vivir, y el recuerdo de su padre le imprimen fortaleza. Pero no hay derecho, cuando tanto se dilapida en lo suntuario que una reliquia, por ser hija de quien fue venero de inspiración y gloria de las letras ande por los vericuetos de una fatal encrucijada del destino.

Refieren quienes la conocieron en sus buenos años, que esta mujer era bella, y que en ella el poeta cifró todas sus complacencias. No soñó jamás que un producto de su sangre, se viera un día, mientras que él duerme el sueño eterno en el pueblito costero que escogió para pasar sus últimos días, Usiacurí, se viera recorriendo caminos en demanda de ayuda. No imaginó que aquellos versos que compuso a la madre, le vinieran de perlas a su hija Gloria:

“Ves esta vieja escuálida y horrible?

Pues oye, aunque parézcate imposible,

fue la mujer más bella entre las bellas.

El clavel envidió sus labios rojos,

y ante la luz de sus divinos ojos

parpadearon el sol y las estrellas”.

 

 

 

 

ARTURO ESCOBAR URIBE

 

                                     Vargas Vila

y su obra literaria

 

(Capítulo de El divino Vargas Vila)

 

Numerosa, cual la de ningún otro escritor americano, salvo don José Toribio Medina, escritor chileno quien llegó a la centena de libros publicados, es la obra de José María Vargas Vila, el cual, según nuestro censo sobre ella, deja 112 volúmenes; 108 publicados, 4 obras inéditas y sus memorias, estas últimas, según Carlos García Prada, en poder del Gobierno mejicano, sin que se sepa el porqué de ello.

Es por esto, por lo que encontramos muy natural, la envidia de algunos escritores colombianos y como consecuencia de ella, la campaña de silencio que en torno al escritor se ha hecho en su suelo natal. ¿Y cómo, no? pues si los dómines de la literatura colombiana, ninguno de ellos llega a las dos docenas de libros publicados y cuando pasan de la primera docena, comienzan los “recalentados” o “refritos”, es decir a repetirse lastimosamente sin poder volver a escribir nada nuevo, dedicándose a hacer colchas de retazos de sus mismos libros.

¿La obra de Vargas Vila es toda uniforme y buena? No, imposible sería. Un escritor tan polifacético y tan prolífico como fue éste, dejó mucho ripio, como es natural, pero dejó una OBRA monumental e inigualable por el número. En cuanto a la calidad, no toda es buena, cómo ya lo dijimos, pero de ella se salva un 50%, que ya es mucho decir.

Claro es que en este aserto no estarán de acuerdo quienes juzgan a Vargas Vila sin haberlo leído y a través de las consejas del pulpito o de los juicios de sus envidiosos. Por- que hay que confesarlo: se miente, más que se lee a este escritor. La mayoría de los juicios prevenidos que hemos oído y hasta leído acerca de él, son a priori, sin conocer, no ya en su totalidad, que ni siquiera en un veinte por ciento su obra, y entonces, o le ignoran pasándole por alto, o le juzgan despectivamente sin conocerlo a fondo. Estos juicios son secuencias de lo que dijo el P. J. M. Ruano en su Resumen histórico-crítico de la literatura colombiana y en su flamante Preceptiva literaria, que como es texto oficial de enseñanza, muchos de sus “críticos” no han pasado de esos conceptos erróneos e interesados, y no solamente interesados y equívocos, sino procaces y llenos de odio. Las aves negras, El camino del triunfo, La conquista de Bizancio, La demencia de Job, etc., no se podían quedar sin respuesta y ella fue el insulto.

Algunos aducen, (de memoria también y sin haberlo leído) que las novelas de Vargas Vila son sobre temas foráneos, de un erotismo sin límites y de un bajo sensualismo. Pero resulta que no todas son foráneas, ni todas son sensuales, ni todas son eróticas, ni todas “ellas están al servicio de un mórbido mal gusto”, como dice el R. P. Ruano.

Novelas de tema colombiano y buenas son:  Aura o las violetas, sus cuentos Emma, Lo irreparable y algunos incluidos en su libro Copos de Espuma, Flor de fango, que tanta polvareda levantó, no es más que la historia de una maestra de escuela de un pueblo cualquiera del departamento de Cundinamarca, tragedia que diariamente se repite, pero que la hipocresía oculta y el fanatismo calla, para no ofender la moral... ¡LA MORAL!; Los parias es otra novela de tema colombiano, de la guerra civil del 85; El camino del triunfo es una novela punzante, de temática nacional, sobre los in- ternados de los colegios de religiosos. Su continuación La conquista de Bizancio, de la cual dijo su autor que era “la más fuerte, si no la más bella de mis novelas de combate”, también es de tema netamente colombiano, y en cuanto a Alba roja, dedicada a Antonio José Restrepo, que produjo el consiguiente alboroto y de la cual vamos a transcribir unos párrafos cualesquiera, para que se vea el porqué de ello:

 

“La bruma pluviosa de un crepúsculo invernal en- volvía la estancia en opacidades siniestras.

            “Los cortinajes rojos, las molduras doradas, los espejos inmensos, los grandes floreros donde se morían rosas lívidas, todo se hundía en penumbras desoladas.

            “Sentado en un gran sillón; envuelto en inmensos abrigos; las manos, de histórica fealdad, manos tentaculares, de pulpo, hechas para oprimir las carnes y los pueblos, caídas sobre las piernas flacas y angulosas; los párpados entrecerrados sobre las grandes pupilas azules, única cosa bella que se conservaba en aquella ruina humana, como dos ventanas góticas donde cantara el sol, en el muro de un templo derruido; la barba blanca, asquerosa, inculta, cubierta por extraños pedículos, escapados a su piel sarnosa, apoyada sobre el pecho hundido y cavernoso; la horrible boca descomunal, contraída en un gesto de infinita laxitud y de tristeza, Herodes meditaba.

 

“¡Era el sueño de Satán!

“¡Sueño de Judas!

“¡Era el rebelde vencedor, roto por su victoria; el traidor expirando bajo el peso de su traición! Tarpeya muriendo ahogada, bajo los escudos de los bárbaros...

            “Aquella alma tiritaba, desnuda ante su propia conciencia, más leprosa que Job, más miserable, en el estercolero de sus sueños.

            “¡Ay. gemía la pérdida de las alas y de la luz!

 

 

 

 

DETONANTE PARA LA PRODUCCIÓN

NARRATIVA O POÉTICA

 

 

FIGURA LITERARIA

 

LA PROSOPOPEYA

 

La prosopopeya o personificación es una figura que consiste en atribuirle el don de la palabra a plantas, animales o a objetos inanimados como una silla, un cuadro, un libro, etc.

 

MONÓLOGO DE LA URRACA

Carlos Mario Garcés Toro

 

                                        Parada una urraca

                                        en la rama de un abeto

                                        pensaba y se decía:

                                        -Vida buena la mía

                                        que no tengo que pensar

                                        en que comeré mañana

                                        como si lo hace el de la granja

                                        que agitado acumula

                                        y en su ancha cama se ahoga

                                        por no encontrar llenura

                                        su apetito voraz,

                                        y sin acordarse que un día

                                        vendrá la parca

                                        y sin decirle nada

                                        se lo llevará.

 

 

 

 

Fábula

Álvaro Cataño Jiménez

 

Ya no soporto esta duda existencial, le dijo el cuaderno al lápiz.

¿Por cuál razón dices esto? Le contestó el lápiz.

Todo mundo me raya cuando quiere, sin pedir permiso...

No debes angustiarte, replicó el lápiz. A mí me usan y me recortan hasta que mi grafito se termina.

Pienso que debemos estar alegres, porque cada uno coopera para que con nosotros se puedan escribir bellas historias de aprendizaje, desde matemáticas hasta hermosos poemas, acotó el lápiz.

Tienes razón, dijo el cuaderno, al final prestamos un servicio para el conocimiento.

 

Recopilación y Producción

Carlos Mario Garcés Toro

bitacoraazul@hotmail.com

Proapedagogica@gmail.com