lunes, 6 de junio de 2016

Biografía de William Shakespeare

En torno a 1860, al tiempo que culminaba su obra Los miserables, Victor Hugo escribió desde el destierro: "Shakespeare no tiene el monumento que Inglaterra le debe". A esas alturas del siglo XIX, la obra del que hoy es considerado el autor dramático más grande de todos los tiempos era ignorada por la mayoría y despreciada por los exquisitos. Las palabras del patriarca francés cayeron como una maza sobre las conciencias patrióticas inglesas; decenas de monumentos a Shakespeare fueron erigidos inmediatamente.
En la actualidad, el volumen de sus obras completas es tan indispensable como la Biblia en los hogares anglosajones; Hamlet, Otelo o Macbeth se han convertido en símbolos y su autor es un clásico sobre el que corren ríos de tinta. A pesar de ello, William Shakespeare sigue siendo, como hombre, una incógnita.

William Shakespeare
Grandes lagunas, un ramillete de relatos apócrifos y algunos datos dispersos conforman su biografía. Ni siquiera se sabe con exactitud la fecha de su nacimiento. Esto daría pie en el siglo pasado a una extraña labor de aparente erudición, protagonizada por los "antiestratfordianos", tendente a difundir la maligna sospecha de que las obras de Shakespeare no habían sido escritas por el personaje histórico del mismo nombre, sino por otros a los que sirvió de pantalla. Francis Bacon, Edward de Vere, Walter Raleigh, la reina Isabel I e incluso la misma esposa del bardo, Anne Hathaway, fueron los candidatos propuestos por los especuladores estudiosos a ese ficticio Shakespeare. Según otra teoría, su amigo el dramaturgo Christopher Marlowe habría sido el verdadero autor: no habría muerto a los veintinueve años, en una pelea de taberna como se creía, sino que logró huir al extranjero y desde allí enviaba sus escritos a Shakespeare.
Ciertos aficionados a la criptografía creyeron encontrar, en sus obras, claves que revelaban el nombre de los verdaderos autores. En consonancia con las carátulas teatrales, Shakespeare fue dividido en el Seudo-Shakespeare y en Shakespeare el Bribón. Bajo esta labor de mero entretenimiento alentaba un curioso esnobismo: un hombre de cuna humilde y pocos estudios no podía haber escrito obras de tal grandeza.
Afortunadamente, con el transcurrir de los años, ningún crítico serio, menos dedicado a injuriar que a discernir, más preocupado por el brillo ajeno que por el propio, ha suscrito estas anécdotas ingeniosas. Pero de las muchas refutaciones con que han sido invalidadas, ninguna tan concluyente, aparte de los escasos pero incontrovertibles datos históricos, como el testimonio de la obra misma; porque a través de su estilo y de su talento inconfundibles podemos descubrir al hombre.
Los orígenes
En el sexto año del reinado de Isabel I de Inglaterra, el 26 de abril de 1564, fue bautizado William Shakespeare en Stratford-upon-Avon, un pueblecito del condado de Warwick que no sobrepasaba los dos mil habitantes, orgullosos todos ellos de su iglesia, su escuela y su puente sobre el río. Uno de éstos era John Shakespeare, comerciante en lana, carnicero y arrendatario que llegó a ser concejal, tesorero y alcalde. De su unión con Mary Arden, señorita de distinguida familia, nacieron cinco hijos, el tercero de los cuales recibió el nombre de William. No se tiene constancia del día de su nacimiento, pero tradicionalmente su cumpleaños se festeja el 23 de abril, tal vez para encontrar algún designio o fatalidad en la fecha, ya que la muerte le llegó, cincuenta y dos años más tarde, en ese mismo día.
Así, pues, no fue su cuna tan humilde como asegura la crítica adversa, ni sus estudios tan escasos como se supone. A pesar de que Ben Johnson, comediógrafo y amigo del dramaturgo, afirmase exageradamente que "sabía poco latín y menos griego", lo cierto es que Shakespeare aprendió la lengua de Virgilio en la escuela de Stratford, aunque fuera como alumno poco entusiasta, extremos ambos que sus obras confirman. La madre provenía de una vieja y acomodada familia católica, y es muy posible que el poeta, junto con sus dos hermanos y una hermana, fuese educado en la fe de su madre.

Casa natal de Shakespeare
Sin embargo, no debió de permanecer mucho tiempo en las aulas, pues cuando contaba trece años la fortuna de su padre se esfumó y el joven hubo de ser colocado como dependiente de carnicería. A los quince años, según se afirma, era ya un diestro matarife que degollaba las terneras con pompa, esto es, pronunciando fúnebres y floreados discursos. Se lo pinta también deambulando indolente por las riberas del Avon, emborronando versos, entregado al estudio de nimiedades botánicas o rivalizando con los más duros bebedores y sesteando después al pie de las arboledas de Arden.
A los dieciocho años hubo de casarse con Anne Hathaway, una aldeana nueve años mayor que él cuyo embarazo estaba muy adelantado. Cinco meses después de la boda tuvo de ella una hija, Susan, y luego los gemelos Judith y Hamnet. Pero Shakespeare no iba a resultar un marido ideal ni ella estaba tan sobrada de prendas como para retenerlo a su lado por mucho tiempo. Los intereses del poeta lo conducían por otros derroteros antes que camino del hogar. Seguía escribiendo versos, asistía hipnotizado a las representaciones que las compañías de cómicos de la legua ofrecían en la Sala de Gremios de Stratford y no se perdía las mascaradas, fuegos artificiales, cabalgatas y funciones teatrales con que se celebraban las visitas de la reina al castillo de Kenilworth, morada de uno de sus favoritos.
Según la leyenda, en 1586 fue sorprendido in fraganti cazando furtivamente. Nicholas Rowe, su primer biógrafo, escribe: "Por desgracia demasiado frecuente en los jóvenes, Shakespeare se dio a malas compañías, y algunos que robaban ciervos lo indujeron más de una vez a robarlos en un parque perteneciente a sir Thomas Lucy, de Charlecote, cerca de Stratford. En consecuencia, este caballero procesó a Shakespeare, quien, para vengarse, escribió una sátira contra él. Este acaso primer ensayo de su musa resultó tan agresivo que el caballero redobló su persecución, en tales términos que obligó a Shakespeare a dejar sus negocios y su familia y a refugiarse en Londres". Pero es más plausible que el virus del teatro lo impulsara a unirse a alguna farándula de cómicos nómadas de paso por Stratford, abandonando hijos y esposa y trocándolos por la a la vez sombría y espléndida capital del reino.
Shakespeare en la ciudad del teatro
A partir de ese momento hay una laguna en la vida de Shakespeare, un período al que los biógrafos llaman "los años oscuros". No reaparece ante nuestros ojos hasta 1593, cuando es ya un famoso dramaturgo y uno de los personajes más populares de Londres. Entretanto se le atribuyen los siguientes empleos: pasante de abogado, maestro de escuela, soldado de fortuna, tutor de noble familia e incluso guardián de caballos a la puerta de los teatros. Pasarían varios meses hasta que pudiera ingresar en ellos y meterse entre bastidores, primero como traspunte o criado del apuntador, luego como comparsa, más tarde como actor reconocido y, por fin, como autor de gran y merecido prestigio.
Prohibidos por un ayuntamiento puritano que los consideraba semillero de vicios, los teatros se habían instalado al otro lado del Támesis, fuera de la jurisdicción de la ciudad y de la molestia de sus alguaciles. La Cortina, El Globo, El Cisne o Blackfriars no eran muy distintos de los corrales hispanos donde se representaba a Lope de Vega. La escenografía resultaba en extremo sencilla: dos espadas cruzadas al fondo del proscenio significaban una batalla; un actor inmóvil empolvado con yeso era un muro, y, si separaba los dedos, el muro tenía grietas; un hombre cargado de leña, llevando una linterna y seguido por un perro, era la luna.
El vestuario se improvisaba en un rincón de la escena semioculto por cortinas hechas jirones, a través de las que el público veía a los actores pintándose las mejillas con ladrillo en polvo o tiznándose el bigote con corcho carbonizado. Mientras los actores gesticulaban y declamaban, los hidalgos y los oficiales, acomodados a su mismo nivel sobre la plataforma, les desconcertaban con sus risas, sus gritos y sus juegos de cartas, prestos a lucir su ingenio improvisando réplicas y a echar a perder la representación si la obra no les complacía. En torno al patio, las galerías acogían a las damas de alcurnia y los caballeros. Y en el fondo de "la cazuela", envueltos en sombras, sentados en el suelo entre jarras de cerveza y humo de pipas, se veía a "los hediondos", el maloliente pueblo.
En todo caso, se trataba de un público con más imaginación que el actual o, al menos, buen conocedor de las convenciones teatrales impuestas por la penuria o por la ley. Inspirándose en el severo primitivismo del Deuteronomio, los legisladores puritanos prohibían la presencia de mujeres en la escena. Las Julietas, Desdémonas y Ofelias de Shakespeare fueron encarnadas por jovencitos bien parecidos de voz atiplada, ascendidos a Hamlets, Macbeths y Otelos en cuanto les despuntaba la barba y les cambiaba la voz. Tal era el teatro en que Shakespeare empezó su carrera dramática.
La fecundidad
Hacia 1589, Shakespeare comenzó a escribir. Lo hacía en hojas sueltas, como la mayoría de los poetas de entonces. Los actores aprendían y ensayaban sus papeles a toda prisa y leyendo en el original, del que no se sacaban copias por falta de tiempo; de ahí que ya no existan los manuscritos. Como cada tarde se ofrecía una obra diferente, el repertorio había de ser muy variado. Si la obra fracasaba ya no se volvía a escenificar. Si gustaba era repuesta a intervalos de dos o tres días. Una obra de mucho éxito, como todas las de Shakespeare, podía representarse unas diez o doce veces en un mes. Algunos actores eran capaces de improvisar a partir de un somero argumento los diálogos de la obra conforme se iba desarrollando la acción. Shakespeare nunca los necesitó.

Retrato y firma de Shakespeare
Acuciado por este ritmo vertiginoso y espoleado por su genio, Shakespeare empezó a producir dos obras por año. En su primera etapa, Shakespeare siguió la línea de estos dramas isabelinos de capa y espada. De estos años (entre 1589 y 1592) son las obras con las que inaugura su crónica nacional, sus dramas históricos: las tres primeras partes de Enrique VI y la historia de quien lo asesinó, Ricardo III. La comedia de los errores, basada en un tema de Plauto, marca su faceta burlesca, yTito Andrónico, tragedia bárbara inspirada en Séneca, su primera obra de tema romano.
Durante la peste de Londres de 1592 (que los puritanos aprovecharon para mantener cerrados los teatros hasta 1594), Shakespeare se retiró a Stratford y desarrolló sus dotes poéticas. En 1593 publicó Venus y Adonis y en 1594 La violación de Lucrecia, dos poemas largos, dedicados a su joven protector, Henry Wriothesley, conde de Southampton, a quien se suele asociar con uno de los protagonistas de los afamados sonetos. Según figura en los documentos, en 1594 ya era miembro destacado de la mejor compañía de la época, la Lord Chamberlain's Company of Players (Compañía de Actores de lord Chamberlain), nombre tomado de su protector, y había escrito La fierecilla domada, Los dos hidalgos de Verona, dos comedias de inspiración italiana y una tercera, Trabajos de amor perdidos, ambientada en una Navarra imaginaria.
Shakespeare empezó de actor en la compañía y aunque siguió haciéndolo hasta 1603, nunca llegó a interpretar papeles principales. Sin embargo, la experiencia debió serle útil. Como Molière, Brecht o Bulgákov, Shakespeare fue un verdadero hombre de teatro: lo conocía desde dentro, participaba en los ensayos, presenciaba los espectáculos y concebía sus personajes pensando en actores concretos. Paralelamente a su éxito teatral, mejoró su economía. Llegó a ser uno de los accionistas de su teatro, pudo ayudar económicamente a su padre e incluso en 1596 le compró un título nobiliario, cuyo escudo aparece en el monumento al poeta construido poco después de su muerte en la iglesia de Stratford. Entre 1594 y 1597 escribió Romeo y Julieta y El sueño de una noche de verano, dos obras de amor y de juventud, y los dramas históricos Ricardo II, El rey Juan y El mercader de Venecia.
En 1598 la compañía de Chamberlain se instaló en el nuevo teatro The Globe (El Globo), cuyo nombre se uniría al de Shakespeare para siempre. Ésta parece que fue la etapa más feliz del escritor, la época de las comedias Mucho ruido y pocas nueces, Como gustéis, Las alegres comadres de Windsor (que según la leyenda fue escrita en quince días por encargo urgente de la reina), Noche de Reyes y Bien está lo que bien acaba, escritas todas entre 1598 y 1603. De estos años son también (como anticipando su próxima etapa) Julio César, Troilo y Crésida y su obra más famosa y perdurable, Hamlet.
A la muerte de Isabel l en 1603, Jacobo I, hijo de María Estuardo y rey de Escocia desde 1567, se convirtió también en rey de Inglaterra y la compañía de Chamberlain pasó bajo su protección con el nombre de King's Men (Hombres del Rey). A pesar del cambio de nombre y de protector, el teatro mantuvo su carácter público: hicieron representaciones para todo el mundo, incluso para la corte.
Ante tal éxito, la compañía inauguró una pequeña sala cubierta en 1608, la Blackfriars, con una entrada más elevada y para un público más selecto. Financieramente, la compañía funcionaba como una sociedad anónima de la que Shakespeare fue uno de sus más importantes accionistas. Debido a la buena administración, su posición económica se afirmó aun mas: compró varias propiedades en Londres y en Stratford, hizo distintas inversiones, entre ellas algunas agrícolas, y en 1605 compró una participación de los diezmos de la parroquia de Stratford, gracias a lo cual (y no a su gloria literaria) sería enterrado en el presbiterio de la iglesia.
El último acto
Shakespeare tuvo siempre obras en escena, pero nunca aburrió. Entre 1600 y 1610 no dejó de estar en el candelero con sus príncipes impelidos a acometer lo imposible, sus monarcas de ampuloso discurso, sus cortesanos vengativos y lúgubres, sus tipos cuerdos que se fingen locos y sus tipos locos que pretenden llegar a lo más negro de su locura, sus hadas y geniecillos vivaces, sus bufones, sus monstruos, sus usureros y sus perfectos estúpidos. Esta pléyade de criaturas capaces de abarrotar cielo e infierno le llenaron la bolsa.
A fines de siglo ya era bastante rico y compró o hizo edificar una casa en Stratford, que llamó New-Place. En 1597 había muerto su hijo, dejando como única y escueta señal de su paso por la tierra una línea en el registro mortuorio de la parroquia de su pueblo. Susan y Judith se casaron, la primera con un médico y la segunda con un comerciante. Susan tenía talento; Judith no sabía leer ni escribir y firmaba con una cruz. En 1611, cuando Shakespeare se encontraba en la cúspide de su fama, se despidió de la escena con La tempestad y, cansado y quizás enfermo, se retiró a su casa de New-Place dispuesto a entregarse en cuerpo y alma a su jardín y resignado a ver junto a él cada mañana el adusto rostro de su mujer. En el jardín plantó la primera morera cultivada en Stratford. Murió el 23 de abril de 1616 a los cincuenta y dos años, en una fecha que quedó marcada en negro en la historia de la literatura universal por la luctuosa coincidencia con la muerte de Miguel de Cervantes. En realidad, fue una coincidencia de fechas, no de días: el 23 de abril de 1616 del calendario juliano, que se empleaba todavía en Inglaterra, corresponde al 3 de mayo de 1616 del actual calendario gregoriano, ya adoptado por aquel entonces en España.
Los misterios de Shakespeare
Es cierto que la juventud del poeta ofrece los pasajes más desconocidos para el biógrafo. Sin embargo, los verdaderos misterios de su vida pertenecen a aquellos años en que su carrera puede ser reconstruida con bastante fidelidad. El más conocido de estos enigmas está relacionado con sus Sonetos, publicados en 1609, pero escritos, en su mayor parte, unos diez o quince años antes. Uno de los protagonistas de los 154 sonetos es un apuesto joven a quien el poeta admira mucho, y el otro es la famosa dark lady, "dama morena", que le fue infiel con el anterior.
Muchos intentaron encontrar en estos poemas claves de la vida interior de Shakespeare, pruebas de su presunta homosexualidad, afirmando que el joven galán de los sonetos o, tal vez, la "dama morena" no era otro que el conde de Southampton, mecenas del debutante autor, a quien le había dedicado sus dos primeras obras poéticas. No se sabe con certeza quién era el objeto de la adoración secreta del poeta. Sus únicas referencias personales comprensibles y claras son menudencias: que sufría de insomnio, que le gustaba la música, que reprobaba las mejillas pintadas y el uso de las pelucas.

El conde Henry Wriothesley de 
Southampton, protector de Shakespeare
Otra de las incógnitas es que sus años de más éxito social, económico y profesional, entre 1603 y 1612, coinciden con la época de sus grandes tragedias, sus obras más amargas y desilusionadas, como Otelo, El rey Lear, Macbeth, Antonio y Cleopatra,Coriolano y Timón de Atenas. Incluso la última comedia de estos años, Medida por medida, es más sombría que muchos de sus dramas. Además, sus últimas cuatro obras, Pericles, Cimbelino, El cuento de invierno y La tempestad, su maravillosa despedida del teatro y del mundo, muestran una curiosa incursión de elementos novelescos y pastoriles en su teatro, sin duda bajo la Influencia de la nueva generación de dramaturgos como Francis Beaumont o John Fletcher. Hay otras dos obras, Enrique VIII y Los dos nobles parientes, ambas de 1612-1613, cuya autoría parcial suelen atribuírsele, ya que según todos los indicios fueron escritas en colaboración con el joven Fletcher, con las que el número de sus piezas teatrales sumarían 38. Pero La tempestad es considerada universalmente como su última obra.
Sea como fuere, lo cierto es que alrededor de 1613, es decir a los cuarenta y ocho años de edad, en pleno poder de sus facultades mentales y en el cenit de su carrera, Shakespeare rompió abruptamente con el teatro y se retiró a su ciudad natal como podría hacerlo un pequeño burgués que después de una vida de trabajo quisiera gozar de sus bienes en la quietud campestre. Sus últimos años transcurrieron como los de un respetado hidalgo rural: participaba en la vida social de Stratford, administraba sus propiedades y compartía sus días con sus familiares y vecinos.
Sus obras siguieron en cartelera hasta después de su muerte, y debió conservar algún contacto, aunque sólo amistoso, con el teatro. Incluso se dijo, según una leyenda registrada casi medio siglo después, que murió a consecuencia de un banquete celebrado en compañía de su colega Ben Jonson. Contradice a esta historia el hecho de que un mes antes de su muerte dictara su testamento rubricándolo con una firma temblorosa que permite imaginar que ya se encontraba enfermo.
El testamento, extenso y minucioso, está relacionado con el último misterio de la vida de Shakespeare, aunque sea sólo menor y de orden anecdótico: después de nombrar como heredero principal al marido de su hija mayor, Susan, y de legar valiosos objetos de oro y de plata a su otra hija, Judith, dejó a su mujer su «segunda mejor cama». Nadie ha podido descifrar el significado verdadero de tan extraño legado, que, a su vez, dice mucho del cariz del matrimonio del poeta.
La posteridad se ha ocupado de Shakespeare más que de cualquier otro autor, y no sólo en el sentido positivo. Muchos querían negarle la autoría de su obra atribuyéndosela a espíritus más elevados, preferiblemente de origen ilustre. A Voltaire y a Tolstói, por ejemplo, les irritaba no la persona del poeta (o su origen plebeyo), sino su obra, que es lo contrario a todo orden clásico, regla artística o realismo formal. Es la misma libertad: verbal, dramática, emocional. Se expresa con veloces imágenes, en una misma obra salta años, países y mares, cambia azarosamente los hilos de la trama y alterna el tono cómico con el trágico. Su obra es la perenne inquietud y su perspectiva, el infinito. Hace caso omiso de los cánones de la composición porque obedece a unas leyes más importantes y atávicas que las de la unidad de tiempo o de lugar. Nadie logró inmortalizar a tantos personajes como ese dramaturgo que prácticamente no llegó a inventar ni una sola historia propia.
En una de esas metáforas asombrosamente plásticas que tanto abundan en su obra, Shakespeare define la gloria como «un circulo en el agua / que nunca cesa de agrandarse / hasta llegar a ser tan ancho / que se disipa en la nada...». Pero la suya no fue así. No tendió a desvanecerse, ni siquiera a languidecer: después del relativo desinterés por su obra en los tiempos de moral puritana y de gusto neoclásico, a partir del prerromanticismo se le volvió a descubrir de modo universal. Desde entonces todas las épocas y estilos tienen su propio Shakespeare, corroborando la predicción de su amigo y rival, Ben Jonson: «Él no era de una época sino para todos los tiempos».
Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/monografia/shakespeare/

martes, 17 de mayo de 2016

Biografía de José Saramago

José Saramago
Nombre completo: José de Sousa Saramago
Lugar de nacimiento: Azinhaga, Portugal
Fecha de nacimiento: 16 de noviembre de 1922
Géneros literarios: Novelas / Cuentos / Ensayos




Nació en una familia de extracción humilde: su madre era analfabeta, sin embargo, le inculcó la sed de saber y le regaló su primer libro. Saramago se crió en Azinhaga y en Lisboa, donde comenzó a estudiar a los 12 años, aunque no logró completar su formación debido a problemas económicos. A partir de los 15 años combinó el trabajo con el estudio autodidacta, algo que le sirvió años más tarde para entrar como oficinista en la administración de la Seguridad Social.
Más tarde se dedicó al periodismo,a la labor editorial y a la traducción. Fue colaborador de diversos periódicos y revistas, entre ellos Seara Nova, fue también codirector del Diario de Noticias en 1975. Se adhirió al Partido Comunista Portugués, por lo que sufrió censura y persecución durante la dictadura de Salazar. En 1974 se sumó a la Revolución de los Claveles.
Su éxito con plenitud y su gran presencia mediática le llegaron con `El evangelio según Jesucristo´, obra que ocasionó un gran malestar no sólo en la jerarquía católica sino también en el gobierno de su país. El escándalo fue uno de los motivos que llevaron a Saramago a instalarse en la Isla de Lanzarote con su segunda mujer en 1991.
Sus últimas obras a partir de entonces llegaron poco a poco al mercado internacional, siendo `Ensayo sobre la ceguera´ uno de sus libros más celebrados y que recibió una excelente adaptación cinematográfica en 2008.
Después de recibir el premio Nobel de Literatura su proyección se hizo mundial y su figura alcanzó nuevos niveles de polémica al manifestar, sin ningún tipo de tapujo, sus ideas en contra de la política neoconservadora, la actitud de la Iglesia Católica y a favor de los pueblos más desfavorecidos.
Falleció a los 87 años en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote, Las Palmas), a causa de una leucemia crónica que derivó en un fallo multiorgánico. Saramago escribió hasta el final de su vida, pues se dice que llevaba 30 páginas de una próxima novela.

Obras

Listado de sus obras:
  • Tierra de pecado (1947)
  • Poemas posibles (1966)
  • Probablemente alegría (1970)
  • De este mundo y el otro (1971)
  • El equipaje del viajante (1973)
  • Las opiniones que DL tiene (1974)
  • El año de 1993 (1975)
  • Apuntes (11976)
  • Manual de pintura y caligrafía (1977)
  • Casi un objeto (1978)
  • La Noche (1979)
  • ¿Qué haré con este libro? (1980)
  • Levantado del suelo (1980)
  • Viaje a Portugal (1981)
  • Memorial del Convento (1982)
  • El año de la muerte de Ricardo Reis (1984)
  • La Balsa de Piedra (1986)
  • La segunda muerte de Francisco de Asís (1987)
  • Historia del cerco de Lisboa (1989)
  • In nómine Dei (1991)
  • El evangelio según Jesucristo (1991)
  • Ensayo sobre la ceguera (1995)
  • Cuadernos de Lanzarote I (1997)
  • Cuadernos de Lanzarote II (1997)
  • El cuento de la isla desconocida (1998)
  • Piedra de Luna. 59 poemas y un madrigal (1999)
  • La Caverna (2001)
  • Todos los Hombres (2001)
  • El hombre duplicado (2003)
  • Ensayo sobre la lucidez (2004)
  • Poesía Completa (2005)
  • Las intermitencias de la muerte (2005)
  • Las pequeñas memorias (2007)
  • El Viaje del Elefante (2008)
  • El cuaderno de Saramago (2009)
  • Caín (2009)
  • José Saramago en sus palabras (2010)
  • El autor se explica (2010)
  • El último cuaderno (2011)
  • Claraboya (2012)
Resúmenes disponibles:

Fuente: http://www.elresumen.com/biografias/jose_saramago.htm

domingo, 24 de abril de 2016

100 Grandes Novelas de la Literatura Latinoamericana

Seguro hay muchas más, pero esta lista es un comienzo. Compartimos  100 Grandes Novelas de la Literatura Latinoamericana.  Quedan invitados a comentar y ayudar con hacer esta lista mucho mejor y más extensa.



  1. 2666 - Roberto Bolaño
  2. Abaddón el exterminador - Ernesto Sábato
  3. Abdul Bashur, soñador de navíos - Álvaro Mutis
  4. Abril rojo - Santiago Rocangliolo
  5. Agosto - Rubem Fonseca
  6. Amirbar - Álvaro Mutis
  7. Antigua vida mía - Marcela Serrano
  8. Ardiente paciencia - Antonio Skármeta
  9. Aura - Carlos Fuentes
  10. Balún Canán - Rosario Castellanos
  11. Blanco nocturno - Ricardo Piglia
  12. Boquitas pintadas - Manuel Puig
  13. Canaima - Rómulo Gallegos
  14. Caracol Beach - Eliseo Alberto
  15. Cien años de soledad - Gabriel García Márquez
  16. Concierto barroco - Alejo Carpentier
  17. Conversación en La Catedral - Mario Vargas Llosa
  18. Crónica de una muerte anunciada - Gabriel García Márquez
  19. De dónde son los cantantes - Severo Sarduy
  20. Del amor y otros demonios - Gabriel García Márquez
  21. Delirio - Laura Restrepo
  22. Don Casmurro - Joaquim Machado de Assis
  23. Doña Bárbara - Rómulo Gallegos 
  24. El amor en los tiempos del cólera - Gabriel García Márquez
  25. El astillero - Juan Carlos Onetti
  26. El baile de la Victoria - Antonio Skármeta
  27. El beso de la mujer araña - Manuel Puig
  28. El coronel no tiene quien le escriba - Gabriel García Márquez
  29. El desbarrancadero - Fernando Vallejo
  30. El desfile del amor - Sergio Pitol
  31. El entenado - Juan José Saer
  32. El huerto de mi amada - Alfredo Bryce Echenique
  33. El infinito en la palma de la mano - Gioconda Belli
  34. El juguete rabioso - Roberto Arlt
  35. El mundo alucinante - Reinaldo Arenas
  36. El otoño del patriarca - Gabriel García Márquez
  37. El país de la canela - William Ospina
  38. El reino de este mundo - Alejo Carpentier
  39. El ruido de las cosas al caer - Juan Gabriel Vásquez
  40. El señor presidente - Miguel Ángel Asturias
  41. El siglo de las luces - Alejo Carpentier
  42. El testigo - Juan Villoro
  43. El tren pasa primero - Elena Poniatowska
  44. El túnel - Ernesto Sábato
  45. El viajero del siglo - Andrés Neuman
  46. El vuelo de la reina - Tomás Eloy Martínez
  47. En busca de Klingsor - Jorge Volpi
  48. Estrella distante - Roberto Bolaño
  49. Gabriela, clavo y canela - Jorge Amado
  50. Hasta no verte Jesús mío - Elena Poniatowska
  51. Ilona llega con la lluvia - Álvaro Mutis
  52. Juntacadáveres - Juan Carlos Onetti
  53. La carne de René - Virgilio Piñera
  54. La casa de las dos palmas - Manuel Mejía Vallejo
  55. La casa de los espíritus - Isabel Allende
  56. La casa verde - Mario Vargas Llosa
  57. La ciudad y los perros - Mario Vargas Llosa
  58. La fiesta del chivo - Mario Vargas Llosa
  59. La guerra del fin del mundo - Mario Vargas Llosa
  60. La Habana para un infante difunto - Guillermo Cabrera Infante
  61. La hojarasca - Gabriel García Márquez
  62. La hora azul - Alonso Cueto
  63. La invención de Morel - Adolfo Bioy Casares
  64. La mansión de Araucaíma - Álvaro Mutis
  65. La muerte de Artemio Cruz - Carlos Fuentes
  66. La nieve del almirante - Álvaro Mutis
  67. La piel del cielo - Elena Poniatowska
  68. La región más transparente - Carlos Fuentes
  69. La tejedora de coronas - Germán Espinosa
  70. La tía Julia y el escribidor - Mario Vargas Llosa
  71. La vida breve - Juan Carlos Onetti
  72. La vida exagerada de Martín Romaña - Alfredo Bryce Echenique
  73. La virgen de los sicarios - Fernando Vallejo
  74. La visita en el tiempo - Arturo Uslar Pietri
  75. Las lanzas coloradas - Arturo Uslar Pietri
  76. Leonora - Elena Poniatowska
  77. Los detectives salvajes - Roberto Bolaño
  78. Los lanzallamas - Roberto Arlt
  79. Los Living - Martín Caparrós
  80. Los pasos perdidos - Alejo Carpentier
  81. Los pichiciegos - Rodolfo Fogwill
  82. Los siete locos - Roberto Arlt
  83. Mal de amores - Ángeles Mastretta
  84. Margarita, está linda la mar - Sergio Ramírez
  85. Memorias póstumas de Blas Cubas - Joaquim Machado de Assis
  86. Nosotras que nos queremos tanto - Marcela Serrano
  87. Noticias del imperio - Fernando del Passo
  88. Palinuro de México - Fernando del Passo
  89. Pantaleón y las visitadoras - Mario Vargas Llosa
  90. Paradiso - José Lezama Lima
  91. Pedro Páramo - Juan Rulfo
  92. Quincas Borba - Joaquim Machado de Assis
  93. Rayuela - Julio Cortázar
  94. Santa Evita - Tomás Eloy Martínez
  95. Santo oficio de la memoria - Mempo Gardinielli
  96. Sobre héroes y tumbas - Ernesto Sábato
  97. Terra Nostra - Carlos Fuentes
  98. Todos se van - Wendy Guerra
  99. Tres tristes tigres - Guillermo Cabrera Infante
  100. Un mundo para Julius - Alfredo Bryce Echenique
Fuente: http://comoescribirtunovela.blogspot.com.co/2014/05/100-grandes-novelas-literatura-latinoamericana.html