martes, 14 de abril de 2015

Literatura mundial de luto por los escritores Galeano y Grass Y El mundo de la literatura está de luto

El escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien escribió ‘Las venas abiertas de América Latina’, murió el lunes en Montevideo a los 74 años, como consecuencia de un cáncer de pulmón por el cual estaba hospitalizado desde el viernes de la semana pasada.

Galeano nació en Montevideo, Uruguay, el 3 de septiembre de 1940, y se desempeñó en varios oficios en su juventud como obrero de fábrica, dibujante, pintor, mensajero, mecanógrafo y cajero de banco antes de dedicarse a la escritura.
A partir de 1960 comenzó a relacionarse con la escritura en el semanario Marcha, en donde también trabajaron otras plumas latinoamericanas como Mario Vargas Llosa y Mario Benedetti.
La obra más destacada del uruguayo es ‘Las venas abiertas de América Latina’ publicada en 1971, cuando tenia 31 años. En el texto el autor analiza la historia de la región, contando desde la colonización de los europeos hasta la época contemporánea. Como reconocimiento recibió una mención honorífica del Premio Casa de las Américas.
Otros textos importantes son ‘El libro de los abrazos’ publicado en 1989, ‘El fútbol a sol y sombra’ en 1995, y ‘Los hijos de los días’ recientemente en el año 2011.
Entre los múltiples reconocimientos por las obras está la distinción ‘Deodoro Roca’ de la Federación Universitaria de Buenos Aires, “por ser un ejemplo para la juventud latinoamericana” en 2011. También fue homenajeado como ‘Honoris Causa’ en la Universidad de Guadalajara en México en 2013 y premio ‘Alba de las letras’, el mismo año.
Adiós al creador de ‘El tambor de hojalata’
Por otra parte, Günter Grass, Premio Nobel de Literatura y Premio Príncipe de Asturias en 1999, también falleció en la mañana del lunes en un hospital de Lubeck, como lo confirmó Mathias Wegner, portavoz de la casa editorial Steidl. Grass nacido en Dánzing, actual ciudad de Polonia, fue premio nobel por su novela ‘El tambor de hojalata’, con la que aborda de maneras distintas la historia de su país.

Fuente: http://www.larepublica.co/literatura-mundial-de-luto-por-los-escritores-galeano-y-grass_242936

El mundo de la literatura está de luto


El Premio Nobel de Alemania Günter Grass y uno de los más grandes pensadores de América Latina, Eduardo Galeano, murieron ayer por causas naturales
EL 13 de abril  será recordado como una de las fechas más tristes para el mundo de la literatura y erudición, pues dos de los más grandes de las letras contemporáneas se fueron sin previo aviso para el mundo, el  Premio Nobel de Alemania Günter Grass y Eduardo Galeano, referencia intelectual de la izquierda de América Latina.
Günter Grass
El Premio Nobel de Literatura Günter Grass, principal figura de la literatura contemporánea alemana y autor de la célebre novela El tambor de hojalata, falleció ayer a los 87 años, en el norte de Alemania, anunció su editorial, Steidl.
En su página web, junto a la mención "Günter Grass 1927-2015", la editorial publicó varias fotografías en blanco y negro del escritor, reconocible por su espeso bigote, sus gafas bajadas hasta media nariz y su inseparable pipa.
Hombre de izquierdas, polémico, que nunca cesó de confrontar a su país con su pasado nazi, Grass fue el escritor alemán de la segunda mitad del siglo XX más conocido en el extranjero.
"Con Günter Grass, el mundo de la literatura pierde a un autor de verbo elocuente y nuestra República a uno de sus ciudadanos más combativos", declaró el presidente de la Academia de las Artes de Berlín, Klaus Staeck.
Un verdadero gigante
El presidente alemán Joachim Gauck saludó la memoria de un escritor cuya obra, Espejo impresionante de nuestro país, "constituye una parte inmutable de su herencia artística y cultural".
También el presidente del partido socialdemócrata y vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel, así como la ministra de Cultura, Monika Grütters, alabaron la figura del escritor. Por su parte, el autor británico Salman Rushdie dijo en Twitter que Grass era "un verdadero gigante, un inspirador, un amigo".
"Toca el tambor por él, pequeño Oskar", escribió, en alusión al héroe de "El tambor de hojalata", un éxito planetario adaptado en 1978 al cine por Volker Schloendorff (Palma de Oro en Cannes y Óscar a la mejor película de habla no inglesa).
"Éramos amigos y nos estimábamos", dijo la Premio Nobel húngara Imre Kertesz lamentando la muerte del escritor.
Entre sus obras, escritas en un lenguaje exuberante y sin embargo preciso, lleno de fantasía y de ironía, figuran El gato y el ratón, Años de perro, El diario de un caracol, El rodaballo, Encuentro en Telgte, Es cuento largo, La ratesa yMi siglo.
Eduardo Galeano
Eduardo Galeano, fallecido ayer a los 74 años de edad en Montevideo, era un periodista, cuentista y escritor uruguayo, un contador de historias que se trasnformó en referencia intelectual para la izquierda con su obra "Las venas abiertas de América Latina".
Eduardo Hughes Galeano había nacido el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo y para escribir adoptó su apellido materno. Ensayista comprometido con las causas de la izquierda exploró a lo largo de su obra en las profundidades y los contrastes de América Latina.
"Las venas abiertas de América Latina" es su obra más emblemática, en la que denunció en 1971 la opresión y amargura del continente en medio de procesos dictatoriales a lo largo y ancho de la región. Traducido a una veintena de idiomas, el libro intenta -según palabras del propio Galeano- "explorar la historia para impulsar a hacerla".
Ese libro fue el regalo que le llevó el ahora fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a Barack Obama, en la Cumbre de las Américas de 2009 en Trinidad y Tobago, gesto que catapultó de nuevo las ventas.
Pero con una muestra de autocrítica poco común, Galeano comentó hace un año en una rueda de prensa en Brasilia que "no sería capaz de leerlo de nuevo. Caería desmayado. Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no aguantaría. Sería ingresado al hospital".
El escritor, cuya educación formal no superó el primer año de secundaria, afirmaba haber aprendido el arte de narrar en los viejos cafés de Montevideo, de los cuales era afecto y consuetudinario visitante.
"No tuve la suerte de conocer a Sherezade; no aprendí el arte de narrar en los palacios de Bagdad; mis universidades fueron los viejos cafés de Montevideo; los cuentacuentos anónimos me enseñaron lo que sé", dijo el autor en octubre de 2009 en Madrid.
"En los cafés descubrí que el pasado era presente y que la memoria podía ser contada de tal manera que dejara de ser ayer para convertirse en ahora", añadió entonces ese mago de las palabras, que cautivaba con sus letras y con su voz.
Fuente: http://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/4-2015-el-mundo-de-la-literatura-est%C3%A1-de-luto.html

domingo, 5 de abril de 2015

Hermann Hesse_ Frases

La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla.


Para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible.


Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros.


Hay quienes se consideran perfectos, pero es sólo porque exigen menos de sí mismos.


Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia.



Cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros.


Algunos pensamos que lo que nos hace más fuertes es aguantar, pero otras veces es dejarlo estar


La práctica debería ser producto de la reflexión, no al contrario


No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos.


Los libros sólo tienen valor cuando conducen a la vida y le son útiles.

martes, 24 de marzo de 2015

Raúl Gómez Jattin__ Poemas ...

La Soledad...



No sé dónde arderás ahora corazón mío 
Necesito entregarte siempre como esclavo Pobre de ti 
Es urgente que enfermes otra vez y otra vez

Qué voy a hacer contigo ahí desocupado 
como estúpida biología Vamos deshazte 
de tu pesadumbre y emprende vuelo

¿Qué te sugiere el momento? ¿Te gusta esa mirada
envejecida pero atenta de tu buena sobrina?
Ve y háblale de cuando lloró sin motivo
O cuando de la risa se orinó en los calzones

O mejor recorre un campo y siembra un árbol suntuario
O llévate cordel y una navaja 
y construye un barrilete y eleva con él tu soledad hasta las nubes

No No queremos los dos amigo mío hacer nada de eso
Queremos acostarnos otra vez sobre su vientre 
Pero esos tiempos han pasado Su cuerpo y su deseo 
deambulan entre cines y bares de la urbe 
enfebrecidos detrás de otros cuerpos y otros deseos
Y eso está bien Es su vida sin nosotros
Tiene derecho también a un placer libre
Allí está sola la luna y no se muere Solo está el viento 
Tú me tiene a mí
Y a Nuestra Señora La Soledad



Yo tengo para ti mi buen amigo...


Yo tengo para ti mi buen amigo

un corazón de mango del Sinú
oloroso
genuino
amable y tierno
(Mi resto es una llaga
una tierra de nadie
una pedrada
un abrir y cerrar de ojos
en noche ajena
unas manos que asesinan fantasmas)
Y un consejo
no te encuentres conmigo


Fuente:http://www.poemas-del-alma.com/raul-gomez-jattin-yo-tengo-para-ti-mi-buen.htm 

miércoles, 18 de marzo de 2015

Julio Cortazar_Poemas_ Los amigos y El Encubridor

LOS AMIGOS
En el tabaco, en el café, en el vino,
al borde de la noche se levantan 
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.

Livianamente hermanos del destino, 
dióscuros, sombras pálidas, me espantan
las moscas de los hábitos, me aguantan 
que siga a flote entre tanto remolino.

Los muertos hablan más pero al oído,
y los vivos son mano tibia y techo,
suma de lo ganado y lo perdido.

Así un día en la barca de la sombra,
de tanta ausencia abrigará mi pecho
esta antigua ternura que los nombra.




Ese que sale de su país porque tiene miedo, 
no sabe de que, 
miedo del queso con ratón, 
de la cuerda entre los locos, 
de la espuma en la sopa. 
Entonces quiere cambiarse como una figurita, 
el pelo que antes se alambraba 
con gomina y espejo lo suelta en jopo, 
se abre la camisa, muda de costumbres, 
de vino, de idioma. 
Se da cuenta, infeliz, que va tirando mejor, 
y duerme a pata ancha. 
Hasta de estilo cambia, 
y tiene amigos que no saben su historia provinciana, 
ridícula y casera. 
A ratos se pregunta como pudo esperar 
todo ese tiempo 
para salirse del río sin orillas, 
de los cuellos garrote, 
de los domingos, lunes, martes, miércoles y jueves. 
A fojas uno, si, pero cuidado: 
un mismo espejo es todos los espejos, 
y el pasaporte dice que naciste y que eres 
y cutis color blanco, nariz de dorso recto, 
Buenos Aires, septiembre. 
Aparte que no olvida, 
porque es arte de pocos, 
lo que quiso, 
esa sopa de estrellas y letras que infatigable comerá 
en numerosas mesas de variados hoteles, 
la misma sopa, pobre tipo, 
hasta que el pescadito intercostal 
se plante y diga basta. 
Antes, después
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede al amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio

aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna

como la caricia a la mano
aunque no haya huella ni presagio
el amante precede al amor
el perfume dibuja el jazmín
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente


Esta ternura y estas manos libres,
¿a quién darlas bajo el viento ? Tanto arroz
para la zorra, y en medio del llamado
la ansiedad de esa puerta abierta para nadie. 
Hicimos pan tan blanco
para bocas ya muertas que aceptaban 
solamente una luna de colmillo, el té
frío de la vela la alba.
Tocamos instrumentos para la ciega cólera
de sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos
con los presentes ordenados en una mesa inútil,
y fue preciso beber la sidra caliente
en la vergüenza de la medianoche.
Entonces, ¿nadie quiere esto,
nadie?

martes, 3 de marzo de 2015

Estanislao Zuleta: sus conferencias

25 años de la muerte de un pensador sui generis_ Estanislao Zuleta

Fabio Jurado Valencia, miembro del Instituto de Investigación en Educación de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, presenta un texto donde analiza el método más usado por el investigador antioqueño para relacionarse con las personas.

Estanislao Zuleta: sus conferencias
En la década de 1970 Cali es el epicentro de los movimientos culturales. Pero no hay movimiento cultural sin movimiento político. Todo movimiento político deviene de corrientes de pensamiento filosófico. Entonces cultura, política y pensamiento filosófico constituyen un solo cuerpo, son interdependientes; podría plantearse también que el movimiento político y el pensamiento filosófico se encarnan en la cultura o la hacen posible. En la cultura ubicamos las fuerzas del arte pictórico, de la música, la literatura, el teatro y la tradición popular. En la política, para nuestro caso, la militancia de izquierda y sus grandes debates. En el pensamiento filosófico tiene un lugar preponderante la epistemología y el psicoanálisis.
En estos oleajes se movió el discurso oral de Estanislao Zuleta. Es el conferencista emblemático, el catedrático sin títulos que llena auditorios, el conversador que convoca al corrillo, el intelectual que es sujeto de consulta para mediar en los desacuerdos. Ciertas fuerzas apuntaladas en los efectos del festival de las artes de Cali propiciaron la interlocución con otros que habían regresado de las universidades francesas. La Universidad del Valle, en la sede de San Fernando, y la Universidad Santiago de Cali, cuando no era estrictamente privada, son los escenarios para escuchar y discutir con Zuleta. Cali fue el nicho donde Zuleta, oriundo de Medellín, encajó con sus posiciones filosóficas innovadoras, pues no cabía en otro lugar, en un momento en el que todos preguntábamos, porque todos escuchábamos, y escuchábamos porque leíamos y leíamos no para cumplirle a la academia sino para discutir en las células de la militancia y para alimentar los alegatos en los cafés y las cantinas. Había horizontes intelectuales sin importar si eso serviría para algo práctico. Y siempre la figura de Zuleta estaba allí como una recurrencia argumentativa para interpretar una película, una novela, un poema, una pieza de teatro, un tango o un bolero.
Con las disertaciones orales de Zuleta constatamos cómo la escritura está en el lector aunque no escriba. El buen lector escribe sus representaciones mentales cuando habla; es el caso de Zuleta. Su obra proviene de la labor de los amanuenses; ya sea con las grabaciones de las conferencias o las grabaciones de las conversaciones o de sus disertaciones pedagógicas, quienes toman esos registros para la transcripción solo hacen eso: transcriben y hacen explícitos los signos de puntuación y los conectores en la segmentación que presupone la escritura cuando se hace pública; un halo de universalidad respiraba a través de su voz, era pues una voz escrita en la voz oral.
Por lo que sabemos, Zuleta no tenía la paciencia para corregir las transcripciones quizás porque su fogosidad intelectual trastornaría lo ya dicho; son compulsiones de un hombre acosado por las ideas y que hace del lenguaje oral una fiesta, como lo dice respecto a la lectura de la Historia del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, en esa conferencia magistral, la más iluminadora para los maestros: “Sobre la lectura”. Toma las palabras de Marx y nos hace sentir la necesidad de leer El Capital y la Crítica del programa de Gotha; evoca las ideas de Nietszche, las del Zaratustra, y nos hace ver que algo nos falta para asumir la investidura del lector crítico; vuelve sobre Freud y nos ayuda a comprender la complejidad de la condición humana, a la vez que nos orienta sobre cómo el psicoanálisis no solo contribuye en los análisis del arte sino que nos ayuda a vivir y a comprender al Otro, cuando lo estudiamos.
“Sobre la lectura” es una conferencia de 1974, dictada en Medellín, que repite en 1978 en Bogotá. Cita allí a Mijail Bajtin, particularmente su estudio sobre Dostoievsky, cuando apenas este teórico/filósofo ruso comenzaba a ser traducido a las lenguas romances. Se presume que Zuleta leyó las primeras traducciones francesas y en consecuencia pudo acceder a los planteamientos de Bajtin en ese ir y venir de los libros que caracterizó a la década de 1970 en Cali, enlazada con Argentina, México y España; será el primer colombiano en introducir las ideas de Bajtin para cohesionar su propio pensamiento y provocar en torno a los principios de la heterodoxia en la comunicación, la democracia, el carnaval y resaltar el carácter polifónico de las obras literarias en las que el autor permite la autonomía ideológica de sus criaturas de ficción, como observará Zuleta en la obra de Thomas Mann.
En el campo de la crítica literaria, entendida como una vía para la formación de lectores –fue la pretensión de Zuleta, más que aportar a la historia de las literaturas- el estudio sobre la vida y la obra de Thomas Mann (25 conferencias) ilustra el trabajo hermenéutico sobre textos altamente simbólicos, como La montaña mágica, y tácitamente diserta para aquellos destinatarios de distintas profesiones que buscan en la literatura respuestas a sus dilemas. El caso, por ejemplo, de los médicos y de las enfermeras, es una presencia en sus reflexiones: lo que ocurre en el sanatorio en La montaña mágica, con las patologías de unos y otros; la enfermedad es descanso, refugio y fuga, dirá respecto al protagonista de la novela de Mann. Zuleta dedica gran parte de estas conferencias a mostrar una especie de psicopatología en las enfermeras y los médicos y en las relaciones con sus pacientes, separados por las percepciones sobre la vida, la enfermedad y la muerte. Pero también hay un lugar para los ingenieros –el protagonista es un joven ingeniero naval-, los músicos –en lo profundo de la novela se perciben los tonos de Wagner- y los abogados –siempre asociados con la propiedad-. De allí el interés de los profesionales de distintos ámbitos en las conferencias de Estanislao Zuleta, en las décadas de 1970 y 1980.
Unos meses antes de su muerte en Cali, acaecida el 17 de febrero de 1990, con Gabriel Alzate visitamos a Zuleta; conversamos sobre la situación política del país; era notable la melancolía y la nostalgia; Cali ya no era la ciudad de los 70; los interlocutores fuertes se habían dispersado: unos hacia el extranjero, otros hacia la política de los partidos tradicionales, otros hacia el narcotráfico, otros hacia los movimientos guerrilleros y otros enloquecieron o se aislaron. Hoy podemos decir que Zuleta murió de una aguda melancolía por la situación de la ciudad y el país.
Fuente: http://www.elespectador.com/noticias/nacional/estanislao-zuleta-sus-conferencias-articulo-544386

martes, 24 de febrero de 2015

Poeta_ Víctor Bustamante...


Víctor Bustamante

 
 


 
Barbosa, Antioquia 1954.

Economista de la Universidad de Medellín. Educador, novelista, cronista, ensayista y poeta. Ha sido colaborador de "Imaginario" del periódico El Mundo de Medellín, de La Nación de Buenos Aires, de las revistas "Interregno", "Susurros", "Universidad de Antioquia", "Universidad Nacional", "Kinetoscopio", "El escribidor", "Balvanera", "Oxigen", "Portal de Poesía" de España y "Vapores Deliciosos" de Argentina. Director de la revista "Babel", "Los Papeles de Babel" y del periódico escolar "El Pájaro Picón". Bustamante es un escritor de la ciudad, un intelectual que sueña y vive el día a día de sus calles, el mismo que en sus novelas - con los ricos recursos del oficio, la ironía, la observación minuciosa y el conocimiento emotivo acumulado le permiten dar cuenta de una Medellín que fue, que es y será en la memoria colectiva. Su lenguaje y estructura "joyceanos" se cristalizan con maestría en esa novela casi desmesurada que es Amábamos tanto la revolución. Una obra que retrata nuestra verdadera sensibilidad, una manera de ser y de vivir muy cercana a la realidad de todos.
 

 
Obras
 

 
El Papa de Barbosa (1995) 
 
El último fusilado de Medellín 
 
•
Luis Tejada: una crónica para el cronista (1994) 
 
•
Noticias de Pedro II 
 
•
Amábamos tanto la revolución (1999) 
 
•
Historia del estadio (2001) 



Fuente: http://www.viztaz.com.co/litera/autores/bc/busta.html

domingo, 22 de febrero de 2015

El improbable redentor


Binyavanga Wainaina nació en Kenya en 1971.








El orgullo según Binyavanga Wainaina

Hace diez años, el escritor keniano lanzó un furioso ataque en contra de la revista Granta por un especial que se publicó sobre África. Ese artículo llamado 'Cómo escribir sobre África' le descubrió al mundo la lucidez de un hombre que ha defendido el derecho a pensar y sentir de una manera distinta a la de los clichés del colonialismo.

Por: Christopher Tibble* Bogotá

Publicado el: 2015-01-22


"Describa, con detalle, tetas desnudas (jóvenes, viejas, bien conservadas, recién violadas, grandes, pequeñas), genitales mutilados o genitales aumentados. Cualquier tipo de genitales. Y cadáveres. O mejor: cadáveres desnudos, especialmente cadáveres desnudos en descomposición. Recuerde: cualquier cosa que usted escriba en el que la gente parezca inútil y miserable será leída como la “verdadera África”, la que usted lleva en el polvo de su chaqueta. No nos confundamos: usted está tratando de ayudarlos a conseguir la atención de Occidente. Por lo mismo, absténgase de escribir acerca de gente blanca muriendo o sufriendo”.
Binyavanga Wainaina se ríe cuando le pregunto sobre ese artículo, un hito de la literatura africana. Son las 10:00 de la noche en Nairobi, Kenia. Llevo buscándolo un mes y en la bocina del teléfono suenan marimbas. Estoy a punto de colgar cuando contesta. De inmediato lo imagino como sale en televisión: una manta multicolor, gestos histriónicos, ojos desorbitados, lagrimosos, el pelo rosado o verde o amarillo. Oigo que camina, se detiene, mastica. Su voz es una carcajada que aumenta mientras responde: “Cada rato me invitan a Europa, pero no por mis ideas, sino para comprobar que soy un ser humano capaz de decir cosas. Solo voy cuando me pagan cantidades absurdas de dinero”.
“Cómo escribir sobre África”, el artículo en cuestión, lo convirtió, a finales de 2005, en un bastión africano contra la condescendencia occidental. Publicado por la revista británicaGranta, es una corta y punzante sátira que enumera los clichés que usan los occidentales a la hora de redactar crónicas sobre el continente. “La ironía es rabia afilada, contenida, traducible”, me dice. Wainaina no tenía pensado publicar el texto. En un comienzo, de hecho, se trató de un correo de nueve páginas que le envió al editor de esa publicación tras leer una edición especial de Granta sobre África. “La vi en un tren en el Reino Unido, donde estaba haciendo una maestría. Quedé pasmado. Era racista y solo contaba con un escritor africano”, explica. El editor le pidió disculpas, le aseguró que en ese entonces no trabajaba allí y decidió publicar fragmentos de su correo. Poco después, la serie de extractos se convirtió en la nota más vista y compartida en la historia de la revista.
La fama no tardó en materializarse: festivales literarios, entrevistas en televisión, correos de estudiantes que, a punto de entregar un texto sobre Congo, Nigeria o Sudán, buscaban su validación. El Fondo Económico Mundial incluso lo nombró en 2007 Líder Joven del Mundo, distinción que Wainaina rechazó argumentando que hubiera sido “un gran acto de fraudulencia aceptar la banal idea de que yo podía impactar los asuntos mundiales de forma significativa”. Hoy, diez años después, el éxito del artículo aún lo persigue. Dice que no le molesta, pero que le causa gracia. En especial porque desde entonces mucha gente lo ha tildado como “la conciencia de África”, rótulo que le parece absurdo.
De todas formas, gracias a su impulsivo desahogo, África se rindió a sus pies. Y no es difícil imaginar por qué. Si bien el continente tiene 54 países, donde se habla el 25 % de las lenguas del mundo y hay más de mil millones de personas, para la mayoría del mundo occidental África es una masa homogénea: miserable, árida, hambrienta, copada de animales salvajes, un inválido necesitado de ayuda. Su artículo cristalizó el sentimiento que ha dominado la región durante los últimos años: que los africanos pueden salir adelante por si solos. “África siempre ha sabido que el cambio debe ser interno. Ya salimos del guayabo colonial. Ahora tenemos carreteras ideológicas y la gente está empezando a correr”, me dice.
Hace un año, en enero de 2014, su nombre volvió a colmar los periódicos y las redes sociales gracias a otro artículo en el que confesó por primera vez su orientación sexual. En el texto, titulado Soy un homosexual, mamá, el autor se imagina revelándole la verdad a su madre, quien está a punto de morir en una clínica. El texto sacudió a Kenia, donde la sodomía es castigada con hasta 14 años de cárcel. Por su valentía, la revista Time lo nombró uno de los 100 personajes más influyentes de 2014.
‘Yo nunca te he arrojado mi corazón, mamá. Nunca me lo pediste’.

Solo mi mente dice. Esto. No mi boca. Pero ¿seguramente el espasmo de mi aliento y de mi corazón, ahí junto al de ella, fue registrado? ¿Me está dejando entrar?

Nadie, nadie, jamás en mi vida ha oído esto. Nunca, mamá. Yo no confié en ti, mamá. Y. Yo. Jalo duro aire y lo encorvo abajo hasta el ombligo, y lo dejo salir lento y firme, limpio y sin tropiezos de mi boca, en alto y claro sobre un hombro, hacia su oído.

Soy un homosexual, mamá.
Es curioso: la casi fortuita relevancia histórica de algunos de sus textos ha puesto en segundo plano su extraordinario talento literario, parecido al estilo impresionista de Virginia Woolf. Y lo ha puesto a él mismo en un plano aun menor. Pues el keniano, más que un salvador llamado a redimir el orgullo de su gente, es un hombre enamorado del lenguaje, un lector incansable que de niño se escondía en el baño del colegio a devorar novelas. Que se fascina con temas como el tiempo, la memoria y la autenticidad.
Algún día escribiré sobre África, sus memorias de 2011, atestiguan esto. La obra, escrita en tiempo presente, lejos de ser un tratado político o una crónica de supervivencia, es el testimonio de un hombre hipersensible que desde una muy temprana edad se refugia en el lenguaje obstinado en entender las palabras. “Desde muy pequeño encontré que todo el mundo confiaba con suma facilidad en el significado de las cosas. Yo nunca pude hacer eso. Dudaba. Me confundían las palabras y lo que podían hacer”, me dice. El resultado del experimento es bellísimo: una prosa fraguada con cuidado, que le tardó seis años en completar, y donde recrea, en los primeros capítulos, el lenguaje de su infancia.
He empezado a leer libros de cuentos. Si las palabras en inglés dispuestas en una página tienen el poder de controlar mi cuerpo en el mundo, ese sonido y ese idioma pueden cerrar sus pliegues como se cierra un abanico y hacerme deslizar hacia su mundo, donde las cosas están dispuestas de un modo distinto, donde viven personas como Jonás y el guardia pokot, en un sitio donde te puede pasar cualquier cosa.
Binyavanga Wainaina nació en Nakuru, la cuarta ciudad más grande del país, en 1971. Creció con tres hermanos en una amplia casa, en un barrio que poco antes había sido exclusivamente para blancos. Su madre, ugandesa, era dueña de una peluquería. Había llegado a Kenia, como muchos de sus compatriotas, huyendo del sanguinario régimen de Idi Amin. “Uganda, el país de mi mamá, se cayó y se rompió. ¡Muleta! El mariscal Idi Amin Dada, presidente de Uganda, se comió a su ministro para cenar”, escribe en el libro. Su padre trabajaba como director gerente de una multinacional y tenía una finca. Era gikuyu, el principal grupo étnico keniano, proveniente del Gran Valle del Rift, la cuna de la humanidad.
Kenia también había nacido hace poco. En la década de los sesenta, la fiebre independentista se esparció por el continente. En 1963, de la mano de Jomo Kenyatta, el país se emancipó del Reino Unido. Wainaina maduró junto a Kenia, y en sus memorias lo trata como un personaje más, incoherente y lleno de contradicciones: “Desde más o menos 50 historias y perspectivas étnicas, está Kenia: algo todavía confuso que coge de aquí, de allá, que roba de aquí, de allá, destripando lo ya hecho, rehaciéndolo. A veces se mueve, a veces no”.
Pero la mayoría de las recolecciones en Algún día escribiré sobre África son personales, escritas con ímpetu, como una estampida de sensaciones. “Camino hasta el salón, frotando la espalda contra la pared para sentir el mundo”. Wainaina deja entrever su crianza, con empleadas y cocineros, las tardes en el parque, golpeando troncos para ver los ríos de hormigas. Luego, sus primeras experiencias eróticas, como la vez que George, el prefecto de su colegio, le acarició la pierna después de regalarle un colchón y tender su cama. Revela, también, pequeñas confidencias: a los 11 años no sabía amarrarse los cordones de los zapatos ni decir la hora.
Con el paso de los capítulos –y de los años– cambia el tono de la obra de forma casi imperceptible. Madura. Wainaina deja Kenia para estudiar Comercio en Sudáfrica, donde se topa con los últimos rezagos del apartheid. “Sudáfrica me marcó. Me conmocionó ver a una sociedad despertar, liberarse y hacer con Mandela esos enormes cambios sociales. Me era imposible volver a Kenia”, me dice. Así que se quedó durante una década. Estudió unos años, escribió sobre cocina, fumó, tomó y, sobre todo, leyó desaforadamente.
Su regreso a Kenia, durante unas vacaciones, marcaría el comienzo de su carrera literaria. Wainaina transformó su experiencia de un viaje en carro a Uganda para asistir a la celebración de los 60 años de matrimonio de sus abuelos maternos en el cuentoDiscovering home (Descubriendo mi hogar). La obra, publicada en 2001, le valdría el Caine Prize, un premio literario también conocido como el ‘Booker africano’.
Nos lanzamos hacia la Navidad. Bebemos, rezamos, hablamos y estrechamos vínculos bajo el susurro nocturno de las hojas de plátano. Siento como si estuviera lleno de magia y sucumbo a nuestra complicidad. En dos días nos sentimos una familia de verdad. Cantamos la misma canción en francés, suajili, inglés, gikuyu, kinyarwanda, kiganda, y ndebele, una multitud de pasaportes en nuestro equipaje.
Con el dinero del premio, Wainaina fundó, junto a varios colegas, la revista cultural Kwani? (¿Por qué?, en suajili). La publicación, con ediciones de más de 500 páginas que reúnen poesía, ensayos, crónicas y demás, es considerada una de las más importantes de África y se ha vuelto una plataforma para lanzar la carrera de nuevos escritores. Después de administrar la revista un tiempo, el keniano embarcó a Estados Unidos, donde vivió ocho años y dirigió el Centro para escritores africanos Chinua Achebe, en Bard’s Collage.
Hoy, vuelta en Nairobi, trabaja en una novela experimental que piensa lanzar a mediados de 2015. Me dice que ya no conoce a nadie en Kwani?, que todavía devora libros y viaja mucho alrededor del continente. Que tiene nuevos proyectos, unos grandes, otros pequeños. El lenguaje aún le preocupa: “Se trata de adueñarse de un idioma personal, para estirarlo, voltearlo, hacer con él lo que uno quiera. No me interesa hacerle un homenaje a un supuesto uso correcto”. Mientras habla, siento que siempre cambiará de rumbo, que su imaginación nunca le dejará asentar una rutina. Se me viene a la cabeza una frase de sus memorias:
“Sería maravilloso, pienso. Pasar mi vida dentro de las formas y los sonidos y las rutinas de otros”.
Fuente: http://www.revistaarcadia.com/especiales/hay-festival-2015/articulo/el-improbable-redentor/40733

domingo, 25 de enero de 2015

Huella Estampida, Obra poética 2012-1980 de Omar Castillo


caratula huella
Se publicó en Medellín, por Ambrosía Editores, en su colección Ciudad escrita, el libro:Huella estampida, obra poética 2012-1980 del poeta Omar Castillo. En el libro, edición impresa de 1.000 ejemplares, se reúne la obra poética publicada por el autor en más de 30 años de intensa creación. Y, como nos dice Óscar Castro García en la nota de contracarátula:


“Omar Castillo ha dedicado gran parte de su vida a la poesía. Puede afirmarse que ésta es su documento de identidad.

Es la suya una poesía de la oquedad, de las cavernas, de las ciudades, y de los orígenes de la humanidad, del fuego y de la palabra misma. Es el canto que busca el momento inicial, cósmico, mítico.

Otros asuntos también recorren la poesía de Omar Castillo: la ciudad con su tráfago, sus especies, sus delirios, sus encantos. El hombre en ella, como un extraño, títere en un laberinto de puentes, calles, edificios y soledades, anonimatos y encuentros fugaces. 

La soledad es el precio de la ciudad. El viaje, el modo de ser. El comercio, el mayor delito. El caos, el hábitat. Y, por encima, hay quienes algún lucro sacan del desorden, de la violencia, del consumo y de la miseria. Quedan algunos refugios: el mundo interior, el encuentro erótico, la infancia, el bar, la poesía, y la eterna lucha entre la permanencia y la fugacidad, la rutina y la eternidad, lo efímero y el recuerdo, el enigma y su desciframiento.

Y en el recuerdo cobran vida también estos poemas entrañables, las pocas grandes obras de quienes ya partieron, los amores sencillos y esplendorosos con que los dioses nos premiaron en la tierra, la compañía de los amigos, los paisajes de nuestra geografía, los rostros de la gente anónima, algunas calles, ciertos momentos en parques o tabernas, los amaneceres, los atardeceres lluviosos o calurosos… Y, de nuevo, esta poesía de Omar Castillo, que acentúa siempre el sabor agridulce de la vida, el mismo que advertimos con inquietud cada que despertamos, o en nuestro más profundo sueño”.
Óscar Castro García


(Fragmentos tomados de su ensayo: Omar Castillo: Una vida, un oficio y un poema.)
A continuación ofrecemos el texto de presentación con el que se abre el libro, escrito por el director editorial de Ambrosía Editores:
Carlos Alberto Álvarez Muñetón



PRESENTACIÓN
Este texto sale de una mirada sobre algunos de los poemas de Omar Castillo reunidos en Huella estampida, obra poética 2012-1980. Y desde ahí, desde esa escritura leída quieren compartir con el lector la emoción que despiertan en mí.

Omar Castillo es la palabra disuelta que rezuma nuevos vigores y resemantiza conceptos ya manidos, ya vueltos frases de cajón, como:

y no todo lo que brilla se hace realidad
sobre una valla que arenga la costumbre,
como tampoco es verdad que no hay
nada nuevo bajo una lámpara o el sol

Él nos devuelve a la tradición, pero con la clara intención de romper con ella, y de decirnos que hay otra manera de ver y de decir aquello que el tiempo ha conservado en teoría y práctica.

Cada línea de Omar Castillo es bisturí que rasga, es decir, corta y destruye los esquemas psicosociales, rasga las costumbres y la piel de las “criaturas hospedadas en las vallas / consumiendo el eslogan de sus días y noches”. Su poesía, que obliga a una nueva lectura tanto en la forma como en el contenido, requiere un lector pausado y cuidadoso, e intertextual, capaz de captar y copar la música y los sentidos que colman su decir.


En cada poema suyo las actualizaciones y las contextualizaciones aparecen, parecen, fáciles: “tanto va el botón al ojal / hasta que se rompe la camisa”. Sabemos que ya hemos escuchado eso o algo parecido en otro momento, y, sin embargo, nos toca quedarnos allí un momento, para dilucidar sus nuevos significados.


La poesía de Omar Castillo no es azarosa. Es la visión vuelta pensamiento, es la transmutación a la que obliga, a la que lleva, una observación penetrante y lúcida del diario vivir, del común acontecer que es: “no sumiso, no entregado a la costumbre”. Siempre atento.

Omar Castillo, como el viento en su poesía: “in daga el vi en to las perforaciones”, los resquicios, los lugares comunes que se nos pasan por alto. Su mirada es daga penetrante, sutil, oportuna, actualizadora.

Con Omar Castillo nos damos cuenta que estamos: “óptimos para el consumo laboral”, que caminamos por esta ciudad y por la vida como autómatas, como si contáramos los pasos y siempre preguntándonos: “¿Será que algún día será el siguiente?” La búsqueda rutinaria del pan de cada día no se detiene y la poesía de Omar Castillo nos muestra que lo hace a pasos dantescos: “trabaja para trabaja para trabaja para”, y no se para, y nos separa, ¡y no!, separa.


Ciegos continuamos la marcha, seguimos el juego que muele segundos, minutos, horas, días, meses, años, sueños, vidas, y aunque Omar Castillo retorne a ese otro juego de la infancia para preguntarnos: “¿Es verdad que tú te quieres salir / es verdad que tú te quieres salir de aquí?”, nada detiene esta máquina despiadada: ni los vivos ni los muertos, que pasan con pena y con gloria, ¿Gloria?, al inevitable lugar de encuentro, de encierro, de condena. Algunos no queremos dejar la vida, pero sí su malestar.


Escapar no es fácil: “Quisiera cerrar esta ventana pero la ciudad /ociosamente me reclama y vomita”. Nos envuelven necesidades que no son tales y vanos e inútiles espejismos nos arrastran por el deterioro del sin sentido, dejándonos llenos de ambiciones hueras, sin un por qué ni un para qué.


Omar Castillo sabe que en el retorno al origen está la esencia; y que la palabra primera es a la vez reveladora y encubridora del ser: “porque al fin, una palabra no es propiedad y, / lo es tanto”. A veces uno lamenta que no le hubieran alertado sobre la conciencia y los riesgos de las palabras, de su poder evocador y creador, de las implicaciones de su uso o no; y para colmo de lucidez, llega Omar Castillo con su estilete y nos ajusta, nos pasa la cuenta:


Cuando se ha pagado el costo de la educación
impartida como una marca candente en la palabra primera
que memorizamos,
palabra que va creciendo en obediencia y que es visible
en nuestra piel, sin importar cuantas
prendas llevemos encima;
Palabra que nos sacrifica en la conversación,
cuando penetra con sus significados hasta la empuñadura
del habla
y hace posible la cicatriz del sentido o su ausencia


Y en otro de sus poemas nos dice: “Inclusive las palabras con que nos pronunciamos, nos exigen hacer saber de quién son propiedad y fuente”.

Es doloroso sentirse como uno de: “los pollos dando vueltas en el asador”, presa confusa y difusa: rutino-rodante. Incluso los poderosos: “cumplen su rol / de pollitos en el asador de los acontecimientos, desde donde entonan pío pío pío, / pidiendo de la masa el maíz y el cuido”, nadie se escapa, todos estamos atrapados en la misma máquina, en el mismo espacio tiempo, con más o con menos.

De allí que, con versos sacados de algunos de sus poemas, nos diga: “Juego una frase, cambio una frase, de todos / modos me sobran y me faltan frases”; “¿Quién de estos caminos conserva la primera imagen? / ¿Qué huidizos pasos nos dejan quedamente en el aire fisuras de adiós? / ¿Cómo saber si las moras arrojadas pudieron haber sido más saboreadas por mí?”, vemos como el exceso y la escasez nos afectan por igual: decirlo o hacerlo todo, decirlo o hacerlo a medias o no hacer, o callar. Luego la reflexión: “Que conste, no existen palabras soeces, / y en el caldo del habla los gritos, los quejidos / o las bellas formas se cuecen por igual”, claro, clarísimo, pero después de leerlo la vida es una sola, con sus variantes: “La totalidad en el fragmento / dios va dios viene / ¿quién lo tiene?”.


Y sigue el poeta con sus palabras auscultando los filos de la realidad:

Aquella noche pensaba
(digo, era un taladro en mi cuerpo),
Que todo no es más que una erizada
tarántula en la inmensa mano del tiempo,
Ajena a nuestros intentos y sufrimientos.
Auscultando márgenes del tiempo establecido como una huella sumisa:
Se alejan cruzando ventanas
que ningún viento reintegra
 
la mano de las cosas da
su insinuación final
 
vieja flauta que el viento desecha
arruga en la frente del hombre
 
se alejan cruzando ventanas
 
los años.

Y este otro intertexto que nos trae de manera exquisita a Heráclito: “No se imprime en el mismo sitio dos veces la huella”; y para un cierre perfecto: “No siempre los cabos están atados o sueltos como es usual, como es normal”.

Y en medio de todo el escenario de la vida, aparecen los juegos de la infancia sonando como una canción que no termina: “Sana que sana culito de rana / si no sana hoy sanará mañana”; “Una cabrita ética pelética peluda tuvo tres hijitos / éticos peléticos peludos, verdad que sí, verdad que no”; “Cuando marucha se fue a darle vuelta al yucal / me dijo que eran pa’ mí todas las que iba arrancar // oye marucha dame conejo yo te lo cojo y ahí te lo dejo”; “Es verdad que tú te quieres salir de aquí”, sí, de allí, de la infancia, también nos quisimos salir, porque no siempre fue placentera, como sucede con la vida.

La poesía de Omar Castillo también es un curso de lectura intensivo y a profundidad:“La memoria en cualquier instante / Revienta y nos deja leer”, si tenemos los sentidos abiertos:
Olores a comidas
Avisos fijados en las paredes
Buzones de correo
Señales de tráfico
Bolsas de basura
Escombros todos hacen señas e indican
Un sentido o su ausencia
El poeta no deja escapar ningún instante, todos le dicen, y él nos lo transmite:
Ella lleva el café a las mesas
acompañado por un vaso de agua,
mientras, los usuarios aglutinan
primeras frases que, en la mañana,
acomodan y desacomodan la realidad,
el principio o el fin de la existencia,
y otros catan silencio;
 
los poetas suelen ostentar el misterio,
los intersticios del asombro,
ella solo lleva el café a las mesas.
En sus poemas también hay tiempo para la sátira:
Por aquella época el mundo
se encontraba sumido
en la más aberrante de sus mañanas;
 
Es cuando Europa y Estados Unidos
deciden tecnificar su repartición
colonial,
momento en el que incrementan
y amparan las normas
para los derechos humanos;
 
Es así como establecen un primer
un segundo y un tercer mundo;
 
Desde entonces todos somos felices.
Y tiempo para la resistencia:
Y es propia nuestra región natal
No podrán hacernos daño;
Sólo poseen la fuerza;
No podrán dañarnos;
Sólo consumen la pulpa
No a la semilla
De la cual poco o nada saben;
No podrán hacernos
Con sus luces Nada distinto
Aun se esfuercen a una explosión
O sus ecos;
Lo único que pueden es matarnos;
Y eso no significa;
Un cuerpo se desintegra
En el universo
Y no es de dios su esfinge
 
No les será posible
Es nuestra región natal.
Y tiempo para el afecto:
He sido amado
He vivido instantes suficientes
Para contrarrestar las malas pasadas
 
He sido amado
Las imágenes que moviliza
Mi vida son testimonio de ello
 
He sido amado
Hoja de la cual el viento es simple azar
Y el árbol circunstancia
 
He sido amado
Avenida infranqueable
Raptada por el sol mediodía
 
Astilla incrustada al ojo
He sido amado
Y viceversa.

Y para finalizar, nada mejor que la mordacidad de estos versos tomados de su poema Not in service:
Señor, le habrán hecho notar
Que para los trajines de hoy
Los versos son innecesarios

Algunos se lo tomarán muy en serio, pero les aclaro que no solo son necesarios sino indispensables. Los versos de Omar Castillo tocan la vida entera y ayudan a que nos volvamos más sensibles: más humanos. De ahí que cuando lo nombro poeta hiperestésico no pretenda otra cosa que recordar la sensibilidad excesiva y dolorosa desde donde es creada toda poesía.
caratula completa.indd

Fuente: http://www.margutte.com/?p=5773&lang=es